02/21/2026
LA PRIMERA OFRENDA ES LA LEÑA
La primera ofrenda del temazcal
no es el canto.
No es el copal.
No es la palabra.
Es la leña.
El hombre de fuego lo sabe.
Antes de hablar, carga.
Antes de rezar, suda.
Antes de guiar, sirve.
La leña es un rezo cansado.
Un rezo que cruje en la espalda.
Que pesa en los hombros.
Que mancha las manos.
Muchos le rehúyen.
Porque no brilla.
Porque no se ve en la foto.
Porque no da reconocimiento.
Pero sin leña
no hay piedra roja.
Sin piedra roja
no hay v***r.
Sin v***r
no hay purificación.
La leña enseña algo simple:
no hay medicina sin trabajo.
Cada tronco cargado
es una intención puesta al fuego.
Cada astilla
es un ego que se astilla.
La leña no presume.
Se consume.
Y al consumirse
se vuelve calor para todos.
Esa es su medicina.
Dar sin quedarse.
Arder sin aplauso.
Sostener el círculo
sin pedir el centro.
Muchos quieren la puerta.
Pocos quieren el hacha.
Pero el fuego reconoce
a quien llegó primero
con la espalda inclinada.
Ahí empieza el temazcal.
No adentro.
En la leña.
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