01/04/2026
Mirando a nuestro alrededor, el panorama es evidente: dolor, noticias negativas, tragedias, pérdidas.
Muchas personas no la están pasando bien.
Y en momentos así surge una pregunta inevitable:
¿Qué haces con ese dolor?
¿Dónde lo guardas?
¿Lo entierras para no sentirlo?
Culturalmente se nos enseñó que dolor = correr a Dios, porque “solo Dios sana”.
Pero eso no es del todo cierto.
Lo que yo aprendí es esto:
Dios no sustituye tu proceso.
Dios amplifica la experiencia.
Tú eres la persona responsable de transitar y transformar tu dolor.
Eso es alquimia.
Aprendí que delegar mi dolor completamente a lo sobrenatural, a lo externo, es una forma de abandono interno y de irresponsabilidad emocional.
Antes no existían herramientas para trabajar el dolor del alma; lo único que conocíamos era esperar un milagro.
Pero la realidad es esta:
el dolor emocional es una de las experiencias más complejas del ser humano.
Hemos avanzado en tecnología, ciencia y consumo,pero no en lo que verdaderamente importa.
El mundo interno sigue siendo tabú, misterio, negación.
Es ahí es donde la gente se queda atrapada en depresión, ansiedad, caos y dilemas del alma que parecen no tener salida.
Tal vez no lo sepas.
Tal vez no lo creas.
Tal vez esto te incomode.
Pero aquí va la verdad:
Tú tienes el poder —no conocido, no desarrollado— de transformar tu dolor en amor, en paz, en conciencia.
En lo que tu alma necesite.
Eso es una destreza.
Una que empodera.
Una que transforma.
Nada es más poderoso que una persona que está a cargo de su propio dolor.
Que no le teme.
Que puede sentarse con él, sentirlo y atravesarlo sin huir.
Yo a esto le llamo el ritual del dolor.
Para mí es un espacio sagrado.
Un lugar donde invoco a Dios, a la divinidad, a lo sobrenatural…pero no para que carguen con lo mío,sino para acompañarme mientras yo hago el trabajo.
En ese ritual entras en contacto con capas profundas de duelo, dolor y sufrimiento
a las que nadie más puede acceder por ti.
Alquimizar el dolor es una destreza que pocos dominan y menos aún pueden enseñar desde un lugar de integridad.
Yo no le temo al dolor.
Aprendí a alquimizarlo.
El dolor del alma no es castigo;
es información.
Te muestra dónde poner atención, qué cambiar, dónde ser más amorosa y cuidadosa contigo.
Por eso mis enseñanzas incomodan.
Porque s**o a las personas de la victimización, del abandono, de la huida,y las convierto en sus propios sanadores.
Y eso —para el sistema— es peligroso.
No todos pueden.
No todos quieren.
No todos están listos.
Pero si buscas una destreza que transforme tu vida,aprende a alquimizar tu dolor.
A estar con él.
A amarlo, no para quedarte ahí,
sino para llevar luz, amor y compasión
a los lugares donde antes solo hubo oscuridad.
Esa es la verdadera riqueza de estos tiempos.
La pregunta es:
¿estás listo para dejar de llorar… y empezar a transformar? Estoy aquí para guiarte♡