04/09/2026
Me acaeció algo importante, algo que me tiene inquieto y que quiero compartirlo con ustedes esta noche. Ustedes son mis amigos y yo quiero platicar con mis amigos…
Sucede que allá, en el Distrito Federal, se me ocurrió cualquier día de esos tantos, marchar al “DESIERTO DE LOS LEONES”. Allí me hallaba muy contento, cuando de pronto algo insólito sucede: Apareció una de esas NAVES CÓSMICAS (o Platillo Volador, como se les llama) sobre el espacio.
La Nave aterrizó en un claro del bosque, y movido por la curiosidad hube de acercarme. Vi perfectamente, sobre un trípode de acero, sostenida una preciosa esfera metálica, imponente, maravillosa (Nave millones de veces más perfecta que todas ésas que han inventado los terrícolas, movidas por combustible líquido)…
Se abre una portezuela y desciende un hombre muy distinguido. Entendí que se trataba del capitán de aquella Nave. Le sigue un cuerpo de hombres (la tripulación); había allí, también, dos mujeres ancianas de edades indescifrables…
Los vi, me consta; y les advierto: Que no estaba borracho, ni loco, ni “marihuano”, ni nada por el estilo. Estaba en pleno uso de mis facultades, con mis cinco sentidos en su lugar.
Me acerqué al capitán, le di la mano, le salude. Y, en realidad de verdad, me sorprendió que me contestase en perfecto español (parecería como si aquellas gentes extrañas tuvieran, en verdad, el Don de Lenguas).
Le rogué que me llevara, pues, a otro planeta del espacio infinito. Le suplique, le dije:
– Soy un Hombre, y poseo el sentido de responsabilidad moral, como para saber lo que esto significa. El capitán guardó silencio.
Posteriormente, la tripulación se sentó allí, sobre algunos troncos que estaban caídos. Luego, una de las damas se puso de pie y dijo textualmente, lo siguiente:
– Si colocamos una planta que no es aromática junto a otra que sí lo es, es obvio que la planta que no es aromática se impregnará con el aroma de la que sí lo es, ¿verdad? Respondí:
– Sí, es cierto. Dijo:
– Lo mismo sucede con los mundos: Mundos que en el pasado andaban mal, con humanidades manifiestamente fracasadas, ahora andan muy bien. Sucede que esas gentes, esos mundos se fueron impregnando, poco a poco, con las radiaciones de los mundos vecinos. Y entonces, tales humanidades y mundos, se transformaron a través del tiempo y el espacio. La lógica era irrefutable, por parte de aquellas personas; yo escucha…, entendí. Luego Prosiguió: Hemos llegado, como usted ve, al planeta Tierra, y aquí no sucede lo mismo, ¿qué es lo que pasa? Respondí lo mejor que pude hacerlo:
– Primero –dije–, esto es una equivocación de los Dioses. Mas después, reflexionando un poco más, exclame: ¡Éste es el KARMA DE LOS MUNDOS. (“Karma” es una palabra que significa “Ley de Causa y Efecto”).
La dama asintió; la otra también asintió con una venia respetuosa y todos los de la tripulación, con una venia, asintieron a mis palabras. Esto me sucedió, en pleno bosque, el pleno “Desierto de los Leones”…
Los caballeros se pusieron de pie, las damas también. Volví a suplicar otra vez al capitán de la Nave que me llevara a otros mundos del espacio.
– ¿A cuál? Me dice.
– Por ejemplo, al planeta Marte…
– ¿Marte? –respondió–, ¡es allí no más, está muy cerca!…
En esos instantes comprendí que se trataba de Viajeros Intergalácticos, Genios verdaderos, en el sentido trascendental de la palabra; gentes provenientes de otras Civilizaciones Cósmicas, millones de veces más adelantados que nosotros los pobres Terrícolas.
Samael Aun Weor
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