12/08/2025
Abundancia real
La abundancia es la convergencia interior de dos movimientos que, aunque distintos, se sostienen mutuamente: agradecer y disfrutar. Agradecer recoge lo vivido y lo integra; disfrutar se abre al presente que se despliega. Ambos brotan de una misma raíz: una armonía interna donde lo perceptible y lo sutil guardan correspondencia estable.
Esa armonía se hace visible en la vida concreta. Cada vez que alguien entrega tiempo, presencia, cuidado, trabajo o recursos y lo que regresa guarda coherencia con la naturaleza del impulso que originó esa entrega, se confirma una continuidad entre mundo interno y mundo externo. La gratitud deja de ser un gesto circunstancial y se vuelve reconocimiento de un orden silencioso que sostiene la experiencia. Lo relevante no es la magnitud del retorno, sino la congruencia entre el origen de la acción y el efecto que despliega.
Cuando la búsqueda de seguridad —económica, emocional o simbólica— ocupa el centro, esa congruencia se opaca. Se sacrifican vínculos, descanso y tiempo propio, y la claridad interior queda relegada. Quien actúa desde una conexión más profunda procede sin urgencia y con orientación firme; percibe que la experiencia se ordena a partir de lo que se esclarece adentro y de una trama silenciosa que acompaña ese orden, otorgando sentido, rumbo y continuidad a cada gesto.
A medida que esta percepción madura, también lo hace la relación con los otros. El crecimiento ajeno se entiende como consecuencia natural de reconocer que la vida se sostiene en correspondencias y que cada recorrido personal participa de un tejido común. Si ese entramado se debilita, la existencia pierde consistencia; cuando se fortalece, la realidad compartida gana estabilidad. La gratitud auténtica reconoce esa pertenencia y el disfrute confirma que ese tejido sigue vivo en nosotros.
Gratitud y disfrute alcanzan plenitud cuando se viven como una sola experiencia. Separarlos los empobrece: la gratitud se seca en formalidad y el disfrute se dispersa en distracción. En su expresión más honda solo existen en presente, cuando la conciencia, libre de cálculo y comparación, habita por completo lo que ocurre. Allí comienza la abundancia real: en la unión de lo perceptible y lo sutil, cuando la vida se organiza en fidelidad a la armonía que la hace posible.
Texto: La Escuela del Alma
Video: Maydelin Sandoval Jordan