Rosario García- "Salud en casa"

Rosario García- "Salud en casa" Me dedico a la Terapia Floral en flores de Bach y de la práctica de yoga.

16/11/2025

Desde la mirada de una niña.

Abuela falleció cuando yo tenía 8 años.
Todos mis compañeros de clase, con la maestra, vinieron al velorio. Me dio vergüenza. Pero me puse contenta con la visita. Pensé, qué raro que las maestras de mis hermanas no trajeron a sus niños. Creo que fue en octubre, que era el mes en el que la escuela cambiaba su horario, de la tarde a la mañana. A mí me gustaba pila ese horario de verano. Me levantaba temprano y olía el aire. El árbol de frente a casa tenía unas flores chiquitas con mucho perfume. Ese fue, el perfume del velorio. No había flores de verdad al lado del cajón. Ella estaba como dormida en el dormitorio, pero no en su cama. Tenía unas telas que la tapaban y mi Tía Chichita me aupó, para que me despidiera, dijo. Yo sabía que se había mu**to, pero no entendí la despedida que me impuso la tía: si la Abuela se había ido antes, sin avisar. Chichita iba y venía como enojada. A mi padre no lo recuerdo. Pensé, quién además de mí, sabe el lugar secreto de los caramelos y miré de reojo el ropero blanco. Vi que tenía el espejo tapado. Quise irme de ahí. La tía conversaba bajito, pero supe que era algo feo. Arrugaba el rostro y hacía gestos con la mano que trataba de tapar.
Mamá entró al cuarto y miró a las mujeres. Mis tías, y unas vecinas vestidas de negro no dejaban de llorar.
- ¡Tu madre siempre igual! - me sacudió la ropa. No entendí. Creí que era porque el vestido era corto. Pero no sé. Me solté de su abrazo y salí a jugar con mis primos. Al poco rato llegaron autos negros y nos hicieron entrar en la casa vigilados por nuestra hermana mayor. Cuando los grandes se fueron, todos los primos, mis hermanas y yo, nos sentamos en el piso a ver dibujitos,
Mi primo dijo, ¿vos sabes lo que es morirse?, seguro tu madre no te explicó. Yo sabía, sí. Se me había mu**to la cotorra que abuela tenía en una jaula de lata. Y sabía. Había quedado dura y la abuela me dijo, así es la vida, un día se termina. Pero vos tranquila, siempre le diste el pan mojado que a ella le gustaba y le enseñaste a decir “buen día Coca”. Su morirse me dolió y sabía sí. Pero es cierto, mamá nunca me hablo. Capaz era eso lo que la tía quería decir. Ahora que la abuela se murió, debo pensar qué cosas buenas hice por ella, ¿no? La dejaba dormir la siesta, -no como mi hermana que se ponía los zapatos de la abuela y corría arrastrando los tacos frente a su ventana. Me costaba encontrar, qué más cosas buenas había hecho. Pensé también, qué más debía decirme mi mamá sobre morirse. ¿Sabía mi primo algo más? Escuché muchas veces: lo siento, te acompaño el sentimiento, el tiempo lo cura todo, frases y más frases. Era como un verso. Luego salían y conversaban como si nada. Y mi abuela allí, fría. Eso me quedó del beso, frío. Me hubiera gustado no quedarme con frio. Ella era tan tierna y sus manos chiquitas arrugadas y suaves.
Ahí le digo a mi primo: claro que sé mijito. Es cuando te visitan todos, aunque no te quieran, porque es lo último. Porque es quedarse muy quieto y frío por siempre, y no volver a mover ni una pluma.

04/10/2025
26/09/2025
bordando el momento, unidos en la luz y el color.
15/10/2024

bordando el momento, unidos en la luz y el color.

manos pequeñas y grandes, jóvenes y mayores unidas por el hilo y la aguja.
15/10/2024

manos pequeñas y grandes, jóvenes y mayores unidas por el hilo y la aguja.

13/10/2024

Memoria fragmentada.
Porque la memoria sana.

Tenía doce años, y mi padre había traído a casa su nuevo camión BMC.
Era un camión grande para transporte de ganado, y como había ocurrido con los anteriores le había hecho ya la caja de madera que iba adosada a su chasis. En aquellos años los vehículos requerían un ablande. El mismo consistía en hacerle al camión una cantidad de kilómetros para considerarse así, listo su motor en condiciones de trabajar.
En esa época no calibraba yo la magnitud que eso tenía para mi padre, lo que sí me entusiasmaba y mucho, era que el ablande del camión traía consigo la posibilidad de un viaje largo en familia.
Varios días nos llevó armar el bolso, no había valijas. Ropa, calzado, abrigo. Se cocinaba mucho para los primeros dos días. En un cajón de huevos con tapa, al que papá le había agregado dos piolas a cada costado, como agarraderas, se guardaban los comestibles. Arroz, azúcar, café, té, yerba, harina, y todos los alimentos secos para cocinar en el viaje. Para el armado de las camas llevábamos un montón de colchones, muchos de ellos arrollados al fondo de la caja de madera del enorme camión. Luego a cada lado de la caja iban dos bancos largos donde íbamos sentadas y recuerdo algún colchón puesto en el piso para los niños. Al medio y antes de cerrar la baranda iba el jaulón con gallinas. Las pobres no iban precisamente de paseo. Sus crestas rojas caídas mostraban resignación.
Íbamos, mis padres, dos hermanas de mi madre, sus esposos, y sus hijos, mis primos. Iban también dos amigas de mi hermana mayor, señoritas veinteañeras, afiliadas al club del clan. Y nosotras cuatro.
Mi madre y sus hermanas se ponían un pañuelo en la cabeza para que el viento no las despeinara, se pintaban los labios con el mismo labial y sobre sus faldas la carterita, como si el viaje, fuera a terminar a pocas cuadras. Llegando a San José, se veían tan resignadas y vapuleadas como las tristes gallinas.
Los tres hombres en la cabina del camión.
En esta oportunidad sería el viaje, a las termas del Arapey, distante de casa, a unos 569 kilómetros. Rutas nacionales, ciclistas, y mochileros. Era una tremenda aventura. Corrían los años 70 y yo estrenaba Cédula de Identidad. Recuerdo que esperaba ansiosa cada parada de la policía para mostrar mi cédula. Nunca ocurrió.
Pasamos por Trinidad, bajamos e hicimos la visita clásica, plaza e Iglesia. Foto en la fuente y vuelta a subir al camión. Igual en Paysandú. Alguna compra y buscar un sitio donde acampar, fue lo siguiente. El lugar adecuado era pasando un puente y con acceso al arroyo o rio. Buena arboleda y limpio de malezas altas.
Y para que puedan ir al baño con cierta privacidad, decía señalando el monte de eucaliptus. ¿Qué más quieren? Se reía satisfecho papá.
Ahí era donde nos podían confundir con gitanos. Se bajaban los bancos. Un largo tablón que no había visto y los caballetes se convertían rápido en una mesa para quince. El jaulón quedaba arriba. Aparecía una garrafa, una olla con grasa de cerdo y en un minuto estaban listas las tortas fritas. Se aflojaba un poco la lona que cubría el camión y quedaba armada una especie de carpa donde en la noche dormirían los hombres.
Se armaba un círculo de piedras y un fueguito al medio. A ver, a ver, ¿y dónde están las guitarras?, ahora toca a ustedes pagar el viaje.
Mis hermanas sabían que hasta que no cantaran “Zamba de mi esperanza”, y “Garzas viajeras” papá no las iba a dejar en paz.
Al segundo día de viaje y luego recorrer una ruta terrosa, roja, de apenas 20 kilómetros, que parecían 50, llegábamos a las famosas Termas.
En el camino nos detuvimos a la orilla porque papá quería que viéramos lo que era una amatista y las ágatas aflorando al ras de la tierra. Era como una mina a cielo abierto. Vimos también correr los ñandúes por los campos planos. Los vientos, el cielo, todo era maravilla, todo era nuevo.
La entrada en arcos, piedras adheridas a los muros formando un diseño exótico y moderno, arquitectura fuera de lo común. Jardines por donde miraras, y las piscinas. Con un gigantesco tobogán, y un doble trampolín. Fuentes en tres niveles donde el agua caía de una a la siguiente en semicírculos contenidos por bordes desiguales que dejaban pasar el agua al nivel siguiente.
Las luces, el parque, los senderos. Y yo deslumbrada.
Mamá y mis tías detenidas con sus bocas pintadas, y en sus rostros, el asombro por lo nuevo.
Hoy encontré un bollón antiguo con piedras, me sorprendieron sus colores y formas. Traté de identificar de dónde habían salido, y ahí me vino el recuerdo en oleadas trayendo colores, aromas, sensaciones y sonidos.
Era la colección de piedras de mamá. De cada lugar visitado ella traía una piedra.
De la gruta de Lourdes, del Cerro de la Virgen del Verdún, de las Termas del Arapey….
Fue abrir una ventana al pasado dorado de mi niñez y adolescencia.
Los viajes en el camión. Un papá fuerte y joven, brazos gruesos, curtido su rostro de soles y más soles. Una mamá alegre y risueña, compañera. Las hermanas, las alianzas, las complicidades, los sueños.
Hoy tienen las piedras un nuevo lugar. Están formando parte de un pequeño altar. Mi rincón de meditación.
En ese lugar integro la que fui y la que soy, porque aquella que era, habita en mí.

11/01/2024

¿Sabías que los profesionales que trabajamos con las Flores de Bach respondemos a un código de Práctica?
Uno de los puntos de este código nos pide que se respete y conserve la pureza de la sencillez del sistema.
¨¨Nosotros nos hemos comprometido a defender la simplicidad, la integridad y la atemporalidad de su sistema y a promover su mensaje de auto curación. ¨¨
Judy Ramsell Howard, Stefan Ball
Como Practitioner asumo el compromiso.
Mi compromiso es acompañarte en el camino de autoayuda y autodescubrimiento, apoyándonos en el sistema que consta de los 38 remedios florales.
Rosario “Salud en Casa”

Diferentes tipos de nopor Nicola Hanefeld BFRPSoy parte de un pequeño grupo internacional de BFRPs que se reúnen y habla...
08/02/2023

Diferentes tipos de no
por Nicola Hanefeld BFRP

Soy parte de un pequeño grupo internacional de BFRPs que se reúnen y hablan a través de Zoom varias veces al año. Siempre iniciamos con un breve espacio en el que todos comparten sus vivencias. Después retomamos un tema común que es discutido por el grupo.

Recientemente hablamos sobre establecer límites aprendiendo a decir "no". La discusión reveló una sorprendente cantidad de experiencias comunes. Concordamos en que un 'no' claro, honesto y auténtico es valioso; no había mucho que discutir aquí! El intercambio se volvió interesante debido a nuestros problemas para decir "no".

Como practitioners podríamos pensar de forma natural en Centaury, pero descubrimos que lo que nos lleva a veces a la dificultad de decir "no" va más allá de la aparente amabilidad de Centaury. Descubrimos, por ejemplo, que además de decir "sí" cuando en realidad deberíamos de haber dicho lo contrario, llegamos a ofrecer unos "no" poco claros. Y algunas de nuestras respuestas se basan en sentimientos que involucran otros remedios además de Centaury o en su lugar.

Así, por ejemplo, podríamos pensar en Agrimony cuando decimos "sí" para evitar conflictos y fingir que estamos al tanto de las cosas.

También estaba el obediente "sí" al pensar que no está bien decir "no". La raíz de este tipo de comportamiento se identificó en la educación: ser "una buena niña" y no querer crear problemas; podrían aplicar varios remedios.

Luego hablamos sobre el potencial del estado de Pine que puede dificultar el decir "no"; decir "sí" a alguien por miedo a sentirse culpable si dice "no". Nos dio la impresión, como grupo, que la fuente de este comportamiento parecía provenir de una experiencia infantil profundamente arraigada.

Hablamos sobre estrategias útiles en este ámbito, por ejemplo, tomarse el tiempo de pensar antes de dar un "sí" o un "no", para así tener la posibilidad de abrir un espacio para conectarse con las propias necesidades antes de responder.

Un participante señaló que el decir "no" a otra persona puede significar un "sí" a uno mismo: ser fiel a uno mismo. La discusión sensibilizó nuestra forma de pensar al respecto y terminamos nuestra reunión de dos horas con una mayor conciencia y sintiéndonos conectados entre nosotros a través de la distancia que nos separa físicamente.

Nos sentimos fortalecidos con este encuentro y en nuestra resolución de evitar los "no(s)" de Agrimony y Pine para comunicarnos más claramente.

Agradecimientos a los otros BFRPs involucrados en esta discusión: Rodica Stetu (Rumania), Ros Thompson (Reino Unido), Dianela Arroyo Fernandez (Alemania), Caroline Stone (Suiza).



Hablando con los cuidadores
por Irmtraud Besier BFRP

Mientras me formaba para convertirme en un acompañante de cuidados paliativos, mencioné mi trabajo como practitioner de Bach, e inmediatamente me pidieron que diera una charla al personal y a los voluntarios del hospicio local. Así que actualicé mis notas de clase y titulé mi charla "El Cuidado de los Cuidadores".

La primavera pasada finalmente se llevó a cabo el evento. Para iniciar brindé una descripción general de la vida y el trabajo del Dr. Bach y sobre cómo se hacían los remedios. Luego, pensando en nuestras obligaciones en el hospicio y a los desafíos que se nos presentan en el trato con los pacientes moribundos, sugerí algunos de los remedios florales que podrían resultar de utilidad para los cuidadores.

Mencioné IMPATIENS, por ejemplo, para aquellos cuidadores que a veces pierden la paciencia con las personas muy enfermas o que sufren de demencia; CERATO para cuando se busca continuamente consejo sobre lo que hacer, a pesar de saber qué hacer con una persona en particular; OLIVE para ayudar cuando nos sentimos agotados; ELM cuando empezamos a sentir que no podemos hacer frente a todas las responsabilidades que hemos asumido; CENTAURY para que podamos decir "no" cuando sea necesario y cuidarnos.

Y por supuesto mencioné el remedio que personalmente me ha resultado más útil: WALNUT, para protegernos de las influencias externas y para brindarnos un escudo de protección.

Estas fueron solo algunas de las muchas formas en que los remedios de Bach pueden ayudar a los cuidadores, pero proporcionaron una buena introducción. La audiencia escuchó atentamente y se mostró muy interesada en los beneficios que pueden obtener del sistema Bach. Los comentarios fueron muy positivos y después recibí algunas llamadas telefónicas de seguimiento. Espero poder dar más charlas sobre el "Cuidado para Cuidadores" en otros hospicios en el futuro.

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13/12/2022

El Futhark Antiguo está compuesto por un total de 24 runas. Son las siguientes: Fehu, Uruz, Thurisaz, Ansuz, Raido, Kano...

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