16/03/2026
CONSEJO PARA HOY:
MARZO: Eres lavado
Tan grande es el deseo de Jesús de sentarte a su mesa que se hizo un siervo para lavarte los pies sucios.
Cuando Jesús se acerca a Pedro para lavarle los pies, este protesta. Jesús responde a la protesta de Pedro con palabras que anticipan lo que hará en la cruz en unas pocas horas para lavar a Pedro eternamente de su pecado: «Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después» Pedro no entiende y le dijo: No me lavarás los pies jamás»
Pedro cree que su protesta demuestra humildad, pero en realidad, demuestra soberbia: En la soberbia de Pedro, yo encuentro la mía: «¡No, Señor! Si mis pies están sucios, yo mismo me encargo de lavarlos. Verás que, de ahora en adelante, yo haré las cosas mejor que otros». ¡Qué necedad! Jesús ama a Pedro «hasta el fin». No desiste de su deseo de lavarle los pies: «Si no te lavare, no tendrás parte conmigo». En estas palabras de Jesús, vemos que el Señor lava pies no solo como un acto de servicio humilde, sino porque desea intensamente tener comunión con sus amados discípulos, ¡a pesar de sus pies sucios! Al igual que Pedro, nuestra fe en Jesús no elimina nuestra necesidad de ser lavados continuamente por Él. Jesús nunca nos pide que lavemos el pecado de nuestro corazón, pues ¿con qué lo haríamos? ¡Sería imposible! Lo que pide es que confesemos y reconozcamos nuestra necesidad infinita de ser lavados por el sacrificio de su sangre. Lo que pide es que creamos que Él nos limpiará de todo pecado, porque desea intensamente que tengamos parte con Él, todos los días y por toda la eternidad.