08/12/2025
Fotografiar toninas (pink dolphins) puede ser algo tan tedioso (y a veces tan imposible) como atrapar un mosquito con la mano abierta y pretender que no se escape. Es como llenar un globo con un agujero o como tratar de correr sobre el agua y no hundirse.
Si, tratar de fotografiar toninas puede llevarlo a uno al completo estado del absurdo. De hecho, de tanto tratar de adivinar donde se dejarán ver, de tanto dar vueltas siguiendo ese recorrido imaginario, uno se expone al completo ridículo.
Cuando las toninas nadan, no tienen rumbo fijo. Casi nunca dejan una señal de dónde saldrán a expeler aire y por ello, cuando tienes tu cámara enfocada para tomar la foto, resulta que ya es tarde porque se está sumergiendo, y lo que queda es el desabrido momento de verla desaparecer en el agua.
Lo peor, es que uno quiere seguir intentándolo. Puedes pasar horas y horas buscando esa foto inolvidable que se resume en el mínimo instante de un segundo cuando se hace presente con el incomparable “pufffffff”… y de forma inmediata vuelve a sumergirse.
No hay patrón regular para dejarse ver y no lo harán donde tú quieras. Es más, como el más cruel acto maquiavélico, suelen dejarse ver justamente cuando estás mirando en el lado contrario y al llamado de otras personas volteas la cabeza y la ves desaparecer, de nuevo, como quien ve irse un tesoro al final de un arco iris.
Aún así, tras largas horas, hay unos click del obturador que conviertes en momentos inolvidables y que acompañarán en tu memoria ese momento mágico cuando el salpicado en el agua rompe con su quietud y logras retratar aunque sea el lomo con su particular aleta dorsal.
Te aseguro que tendras un disparo de adrenalina rodeado de la mas profunda calma porque estarás a la expectativa de saber dónde saldrá de nuevo, celebrarás la alegría de quien lo adivinó y acompañarás la cara de quien no pudo lograr nada.
De lo que no tengo duda es que siempre tendrás el deseo de haberle tomado una mejor fotografía.