16/08/2025
CRONICARIO CULTURAL
-2025: CENTENARIO DE LA INAUGURACIÓN DE LA GRAN CARRETERA TRASANDINA-
EL VIEJAZO
José Gregorio Ramírez Barrios era el verdadero nombre de este legendario personaje conocido en nuestro terruño como El Viejazo. Había nacido el 10 de marzo del año 1860, en una casa de tejas situada al pie del pueblo de Chachopo, actual capital de la Parroquia Andrés Eloy Blanco, municipio Miranda, estado bolivariano de Mérida. Era hijo del señor José Valentín Ramírez y de la señora Severiana Barrios, quienes a muy temprana edad lo bautizaron en las festividades de Santa Bárbara, siendo apadrinado por Don Inocente Carrillo, bisabuelo de Don Emilio Carrillo, hijo destacado de Chachopo.
Cuenta la historia que cuando José Gregorio tenía 12 años, se vino con su padre a la finca de Mirandita, donde se formó en las tareas agrícolas campesinas. Acostumbraba salir al pueblo para reunirse con familiares, amigos y tomarse unos cuantos tragos de miche sanjonero. En ese deambular, propio de la juventud de la época, aprendió diversas situaciones. Siendo muy joven fue reclutado, en varias ocasiones, para integrar la tropa de generales que buscaban controlar el poder municipal, regional y hasta nacional, así peleó en distintos combates y se formó entre armas. Contaba el Maestro Don Rafael María Jerez, que “por estar de callejero fue reclutado para formar filas en el ejército con el cual los Araujo de El Salado (Bisabuelos de Jesús Vielma) le hicieron frente y derrotaron a la invasión dirigida por Don Blas “El Chato” que asomó por Las Porqueras venido desde Jajó”. También se cuenta que El Viejazo quedó con vida, regresando a casa de sus padres en Chachopo, donde lo atendieron y logró recuperarse. Pero las tentaciones lo llevaron nuevamente a las calles del pueblo, cosa que cuando pasó la Invasión de los Sesenta, el 14 de agosto de 1899, encabezada por el General Cipriano Castro y General Juan Vicente Gómez, fue reclutado y alistado como soldado. Cuenta la tradición oral que participó en diversos enfrentamientos, permaneciendo en Caracas más de una década. A su regreso a Chachopo, se casó con una yaracuyana de nombre Encarnación Saavedra, con quien procreó dos hijos que murieron a temprana edad. Agarró fundamento y se formó en el trabajo del campo, desempeñando con responsabilidad las jornadas campesinas de siembra y recolección de productos agrícolas.
En 1925, con sesenta y cinco años a cuestas, se vino a Timotes. Ya estaba viudo, huérfano, cansado y muy pobre. Por lo cual comenzó a trabajar en el predio El Garabato, en tierras de Don Alfredo Rivas. Más tarde, se fue a La Lajita con los Quintero y finalmente trabajó con Don Pedro Samuel Carrillo. Así fueron pasando los años para convertirse en el célebre Viejazo, considerado durante muchos años como una reliquia de Timotes. Cuando ya no pudo trabajar, comenzó a deambular por las calles del pueblo, en solicitud de comida para sobrevivir. Allí comenzó la leyenda de El Viejazo, porque también pedía para un trago de aguardiente y dedicarse, con su talento, experiencias y oratoria, a entretener a sus paisanos narrando las diversas vivencias de la guerra. Hablaba hasta más no poder con un elocuente discurso que dejaba admirados a sus oyentes. Además, se arremangaba la bota del pantalón y enseñaba las cicatrices como testimonios de la guerra. La gente del pueblo lo escuchaba con respeto y admiración. Gozaba de muy buena memoria y lucidez, por lo cual cuando resultó vilmente asesinado estaba en pleno goce de sus facultades mentales. Dicen que tenía más de cien años. Por eso el famoso sobrenombre. En ocasión del Primer Retorno a Timotes, celebrado en diciembre de 1967, fue presentado nuestro paisano José Gregorio Ramírez Barrios, alias El Viejazo, como “el hombre más viejo de Venezuela”, para entonces el personaje contaba con 107 años. Un grupo de personas ligadas a la organización del Retorno, dieron justo trato al personaje que vivía de lo poco que algunas personas generosas daban para su mantenimiento. El Viejazo fue aseado y vestido decentemente, representando un atractivo para tantos paisanos y visitantes de esa época, nada más que uno de los sobrevivientes de las guerras de fines del siglo XIX, destacado como guerrero en la Invasión de los Sesenta o Revolución Restauradora Nacional, liderada por el General tachirense Cipriano Castro.
Del Viejazo quedaron unas cuantas historias y sus pronósticos nada halagadores para Timotes, pues decía convencido: “que con un aguacero bien fuerte, se podía venir medio cerro del Chamarú sobre la quebrada Ño Ana”, lo cual afectaría a nuestro querido terruño. (Rafael María Jerez Espinoza, 1970).
EL GENERAL CASTRO Y EL VIEJAZO.
El General Cipriano Castro venía de vencer el 06 de agosto de 1899, a las fuerzas leales al Gobierno del Presidente Ignacio Andrade, en el cerrado combate de Tovar, donde por cierto figuró entre los jefes otro coterráneo llamado General Emilio Rivas.
Mérida lo recibió el 09 de agosto y lo vio partir dos días después. A su paso por Tabay es recordada la acción saqueadora contra la Pulpería de los Hermanos Zerpa, quienes se vieron obligados a suministrar en calidad de “préstamo” unas cuantas provisiones que incluían: mulas de carga, caballos de montar, burros aperados, reses, marranos, morocotas de oro, prendas finas, mercancía, alpargatas, pólvora, revólveres, plomo, peinillas finas, comida suficiente, papelón, brandy ### y ron progreso para pasar el páramo, además de otros objetos de valor tomados del peculio de la iglesia. Mucuchíes lo acogió el 11 de agosto. Pasando por Timotes el 14 de agosto de 1899, arrasando con todo lo que encontraba, suficientes razones para que agarrara fuerza la frase: “Vienen los Andinos”. En este Valle de Los Timotes ordenó reclutar todos los hombres útiles para la guerra y se aprovisionó con más elementos y pertrechos. Pasó largo rato saboreando café en la antigua casa de caballeriza que después fue de Don Florencio Uzcátegui. Dicen las crónicas que muchos “ricos” de la época, días u horas antes habían corrido a enterrar o esconder unas cuantas armas, morocotas y objetos de valor, por temor a perderlas ante el tradicional saqueo de la tropa. Mientras muchos hombres del pueblo aguardaban en lo alto del cerro El Otro Lado y de Chicuá, bajaron ya entrada la noche cuando se aseguraron que la Invasión de Los Andinos había trastumbado hacia Trujillo.
Entre los reclutados y voluntarios timotenses, unidos a esta causa armada que buscaba controlar el poder central conocida como La Revolución Restauradora Nacional, figuraron: Mercedes Paredes, José Natividad Paredes, Pedro José Peña, Ricardo Araujo, Juan Rivas La Cruz y José Gregorio Ramírez Barrios, mejor conocido en la historia local como El Viejazo, quienes avanzaron hasta Mesa de Esnujaque, La Mocotí, La Puerta, Mendoza, Valera, Carora, combatiendo con gallardía en las escaramuzas y enfrentamientos bélicos de Parapara (Estado Lara), Nirgua (Yaracuy) y Tocuyito (Carabobo), incluso entrando triunfantes a la Ciudad Capital de la república el 20 de octubre de 1899.
Al triunfo de la Revolución Castrista, muchos andinos regresaron a sus sitios de origen, algunos murieron en combate y otros tantos como Juan Rivas La Cruz y José Gregorio Ramírez Barrios, alias El Viejazo, acompañaron a Gómez, en la misión de la Toma de El Zamuro, en Ciudad Bolívar, donde se destacaron por su arrojo y valentía. En esta campaña salió gravemente herido nuestro personaje, aunque logró sanar. Posteriormente, estos dos valerosos soldados timotenses regresaron a Caracas, allí pasaron largo tiempo cada quien por su lado, dicen que Juan Rivas La Cruz, decepcionado emprendió el camino hacia Los Andes, caminando durante largos días, siguiendo las huellas del legendario correo, hasta llegar al pueblo de Los Timotes. Señalan las crónicas que este personaje fue nombrado agente de policía y “era el único agente que había en Timotes”. Al decir de Don Ramón Peña en su libro Conceptual, también “recibió el cargo de farolero y se le veía todas las tardes con una escalera al hombro, calle arriba y calle abajo, con un pote de agua y un tarro de carburo, encendiendo los cocuyos, que duraban hasta las nueve de la noche”. Del Viejazo no sabemos cómo regresó, lo que si recuerdan los viejos son las interesantes historias de esas correrías narradas por el legendario guerrero en las Pulperías o Botiquines y Cantinas del poblado. Incluso cuentan que con un patriotismo indescriptible levantaba la bota del pantalón para mostrar las cicatrices de los plomazos que afectaron una de sus piernas, estillada según sus propias palabras a punta de plomo en las guerras del General Castro. También se hizo inolvidable la frase: “Llegó El Viejazo, señores”.
Justo cuando rememoramos el Paso de Castro y sus hombres por Los Andes - Timotes, 14 de agosto de 1899- rendimos tributo a este Personaje conocido como El Viejazo.
Jesús María Espinoza Marín
Cronista Oficial del Municipio Miranda
Timotes, 15 de agosto de 2025