15/01/2026
Hablar del acompañamiento terapéutico no es un problema.
El problema aparece cuando se habla desde la praxis del AT sin ejercer el acompañamiento.
En Paulo Freire, la praxis tiene un sentido muy claro y preciso. No es sinónimo de práctica aislada ni de discurso bien intencionado. La praxis es siempre acción y reflexión articuladas, ejercidas por sujetos implicados en la realidad que buscan transformar. Cuando una de esas dimensiones falta, la praxis se rompe.
Freire es contundente en esto:
la reflexión sin acción se vuelve verbalismo,
la acción sin reflexión se vuelve activismo.
En ambos casos, no hay transformación real.
Por eso, no está mal que otras profesiones piensen, analicen o reflexionen sobre el acompañamiento terapéutico. Ese intercambio puede enriquecer el campo. Lo que resulta problemático es hablar desde la praxis del AT sin habitar la acción concreta del acompañamiento, sin asumir sus condiciones reales, sus tensiones cotidianas y sus responsabilidades éticas.
La praxis no se observa desde afuera ni se toma prestada como categoría. Se construye en la experiencia situada, en el vínculo, en el cuerpo presente y en las decisiones que se sostienen día a día.
Defender esta distinción no es cerrarse al diálogo interdisciplinario. Es, justamente, lo que permite que ese diálogo sea genuino, horizontal y respetuoso. El acompañamiento terapéutico no necesita explicaciones externas sobre su praxis, sino reconocimiento, formación específica y trabajo interdisciplinario real.
La praxis no se declama.
Se ejerce.