09/06/2016
EL DUELO Y LA MELANCOLÍA
Sobre el término duelo recaen dos significaciones, que derivan de su acepción etimológica: por un lado Dolus del latín tardío, que significa dolor, pena o aflicción. Y por el otro Duellum, variante fonética arcaica de bellum, que significa batalla, desafío, combate entre dos. Estos describen los usos corrientes de la lengua. Sin embargo, Freud, en su texto duelo y melancolía (1915) comienza a darle al estado anímico que la situación de duelo acarrea y a las vicisitudes por las cuales el sujeto atraviesa para tramitar la perdida un interés psicoanalítico. Es allí donde el duelo es contrapuesto y diferenciado de la melancolía.
El duelo es un concepto en el que confluyen tanto el modo en que la comunidad aborda la temática de la muerte, como la dimensión en que la tramitación del mismo afecta a lo subjetivo, es decir los fenómenos particulares mediantes los cuales el sujeto puede tramitar la perdida.
El duelo o aflicción es un proceso normal, mientras que la melancolía es patológico. Ambos, duelo y melancolía, sobrevienen como consecuencia de la pérdida de algún objeto o situación amada; en ambos casos existe un estado de ánimo doloroso, una pérdida de interés por el mundo exterior, una pérdida de la capacidad de amar y una inhibición general de todas las funciones psíquicas (empobrecimiento anímico). Sin embargo, existe una diferencia, pues la melancolía incluye otro síntoma que no está en el duelo: la pérdida de la autoestima, lo que se traduce como autorreproches.
La resolución del duelo implica que el sujeto va comprendiendo gradualmente que el objeto amado no existe más. El trabajo del duelo culmina cuando la instancia psíquica del YO del sujeto queda libre y sin inhibiciones, depositando la libido sobre nuevos objetos. Es decir se considera que el proceso de duelo ha culminado cuando el sujeto puede nuevamente enfocar las energías emocionales hacia el mundo exterior.
En la melancolía, en cambio, la libido libre no fue desplazada sobre otro objeto sino retraída sobre el yo, es decir, se produjo una identificación del yo con el objeto perdido, y de esta manera los reproches del yo hacia la persona perdida se convierten ahora en autorreproches. En el fondo, la pérdida importante ha tenido lugar en el propio yo. Los reproches con los cuales el enfermo se abruma corresponden en realidad a otra persona y han sido vueltos contra el propio yo (regresión de la libido del yo), autorreproches que se dirigen desde la conciencia moral.
Porque consideramos a la melancolía como proceso patológico. Se le otorga dicha entidad dado que en el proceso melancólico se observa una ambivalencia, el amor y el odio luchan entre sí, el primero para desligar a la libido del objeto, y el segundo para evitarlo. Proceso que por la oposición se perpetúa.