29/11/2025
Hay viajes que no empiezan cuando salimos de casa, sino cuando la tierra nos llama.
Iberá fue eso para mí: un llamado silencioso, profundo, insistente… una voz del territorio que me pidió confiar, entregarme y llegar, aunque no supiera cómo, con qué recursos o por qué camino.
Fui guiada por algo más grande que yo.
Y también por esa voz interna que tantas veces apagué: la intuición, el alma, el pulso que sabe.
Decidí escucharlo.
Decidí correr las dudas, los miedos, las limitaciones mentales.
Y cuando una se entrega a esa guía, el universo entero acomoda las piezas: la ruta, los tiempos, los encuentros, la energía. Todo conspira para que estés exactamente donde tenés que estar.
En Iberah viví una reconexión profunda conmigo misma.
Recordé quién soy, de dónde vengo y para qué vine.
No desde la mente, sino desde el cuerpo, desde el espíritu, desde esa parte de mí que reconoce el territorio como un espejo y una medicina.
Y también me reencontré con almas hermanas.
Almas que están en el mismo proceso de despertar, recordando su luz, su propósito, su fuerza. Almas que, al encontrarse, forman una red, un tejido vivo que se sostiene en el corazón.
Ahí entendí que no estamos solos.
Que cuando más personas despiertan y vuelven a su centro, más se expande la luz.
Que cada hogar, cada familia, cada territorio donde habita una persona conectada se ilumina un poco más.
Que cada proceso individual es un faro para otros que todavía están atravesando la sombra, la duda o el dolor.
Iberah me recordó que somos parte de algo inmenso.
Que cuando volvemos a escuchar la tierra, la luna, el agua, nuestra historia y nuestra intuición… se activa una fuerza que no es solo nuestra: es colectiva, ancestral y amorosa.
Este viaje fue eso:
Una reconexión.
Un recordatorio.
Un sí.
Un acto de fe en mí, en la vida y en este camino que sigo eligiendo.
Lo comparto porque siento que tiene que llegar a quien hoy esté listo para iniciar su propio regreso a sí mismo.
Porque la luz no es para guardarla: es para expandirla.
OM OM IBERAH OM✨🙌