27/03/2026
A veces la vida nos lleva a lugares donde la luz parece haberse apagado.
Y es ahí… justo ahí… cuando la oscuridad se vuelve tan densa que ya no podemos seguir mirando hacia otro lado.
Algo se rompe.
Algo cae.
Algo deja de sostener lo que ya no podía sostener más.
Y duele. Duele de una forma silenciosa, profunda… como si el alma estuviera susurrando todo lo que durante años callamos.
Pero en esa oscuridad, que asusta, que incomoda, que desarma, también vive una verdad.
La verdad de lo que necesitamos ver.
La verdad de lo que ya no somos.
La verdad de lo que pide ser liberado.
Y entonces… aunque no sepamos cómo, aunque todo esté en pedazos, algo empieza a moverse dentro.
No es fuerza.
No es certeza.
Es apenas un latido… una pequeña llama que no se apaga.
Y desde ahí… desde lo más roto, comienza el renacer.
No perfecto. No inmediato. No como antes.
Sino más real. Más honesto. Más nuestro.
Porque a veces, hay que perder la forma para encontrarse de verdad.
Y aunque el camino duela, aunque el alma tiemble, siempre… siempre hay algo en nosotros que sabe volver a la luz. ✨
Hoy estoy en pausa, reordenando todas las piezas del rompecabezas que esta segunda cirugía de Endometriosis me trajo. Asique nuevamente gracias Vida, por este nuevo aprendizaje! 🫂💪