03/11/2020
ESTRES en tiempos de pandemia
Actualmente estamos transitando un momento especial, inédito a partir de la pandemia COVID-19 y la situación de confinamiento que se ha hecho presente en el transcurrir de nuestras vidas, pudiendo traer consigo un aumento de la ansiedad y síntomas de estrés.
¿El estrés es siempre malo?
Cuando hablamos de estrés podemos definirlo como una respuesta o reacción adaptativa frente a las exigencias de la vida, en la que se ponen en juego distintas áreas a nivel físico, psíquico, cognitivo y social. Esta respuesta va a ser distinta en cada uno de nosotros, dependiendo de nuestra historia de vida, la situación en la que nos encontramos, los recursos que poseemos y la predisposición que tengamos. Podemos hablar del buen estrés o Eustrés, cuando las respuestas son adecuadas al estímulo/demanda que las produjo, permitiendo adaptarnos de una manera exitosa.
Pero ¿qué pasa cuando hay una sobrecarga? Si las demandas del medio son excesivas o prolongadas y superan la capacidad de respuesta y por lo tanto de adaptación, hablamos de Distrés o mal estrés, pudiendo influir en el bienestar tanto físico como psicológico, personal y social.
"No hay cambio en la mente ni en el alma que no se refleje en el cuerpo; ni cambio en el cuerpo que no se refleje en la psique" Aristóteles. (Año 350 a C)
En el escenario en que estamos viviendo actualmente, tenemos el gran desafío de enfrentarnos a los efectos secundarios de la pandemia: el miedo al contagio, a lo desconocido y la revinculación social, la incertidumbre de no tener un horizonte claro, la amenaza sobre la economía familiar y el malestar que genera el cambio impuesto de hábitos. Los mismos pueden afectarnos más allá de nuestra capacidad de afrontamiento, porque es algo inédito que nos supera y puede generarnos síntomas de estrés, ansiedad y depresión.
Por esto mismo, según especialistas de Estados Unidos, hoy podemos hablar de un nuevo tipo de estrés: “Crisis fatigue” o “fatiga por crisis” provocado por estresores agudos y que se prolongan en el tiempo. Esto aparece cuando las personas experimentan un estrés permanente debido a una crisis, como la pandemia, que se sostiene en el tiempo, y empieza a emerger el agotamiento, el desgano, la pérdida de esperanza y la confianza.
Entre los indicadores de estrés podemos encontrar algunos de los siguientes signos o síntomas:
A nivel fisiológico: tensión muscular (contracturas), temblores, palpitaciones o taquicardia, molestias en el estómago, sequedad de boca, dificultades respiratorias, dolor de cabeza, mareo y/o náuseas, cambios en el apetito, dificultad para dormir.
A nivel cognitivo: preocupación, pensamientos negativos sobre uno mismo o sobre nuestra actuación ante los otros, dificultad para pensar, estudiar, prestar atención o concentrarse y en la memoria, dificultad para decidir.
A nivel emocional: Miedo o temor, inseguridad, temor a perder el control, ansiedad.
A nivel conductual: evitación de situaciones temidas, llorar, quedarse paralizado, comer/beber/fumar en exceso.
En la situación actual, frente a lo desconocido, fuimos atravesados desde marzo hasta hoy por diversas emociones y sentimientos como subidos a una montaña rusa: pasando por el asombro, la incertidumbre, el enojo, el desamparo, el desencuentro y el encuentro con los otros desde una nueva modalidad, la tristeza, la vulnerabilidad, la esperanza y desesperanza, la ansiedad y el miedo entre otros, generando cierto malestar en nuestra vida cotidiana.
Es necesario tener en cuenta que cuando este malestar nos impacta en cuerpo y alma, y los signos y síntomas se sostienen, se prolongan por un largo período de tiempo, es el momento de pedir ayuda…
La ayuda siempre va a llegar mucho más rápido de la mano de un profesional que nos pueda acompañar en el proceso del bienestar, hacia una mejor calidad de vida, hacia la salud mental.
Lic. Paula Gorka
Psicóloga
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