25/01/2026
Hay algo que me pasa desde que murió mi papá.
Cada vez que entreno y el cuerpo se cansa, me digo a mí misma:
estás viva.
Y entonces pienso en él.
Pienso que él ya no puede hacer nada de todo esto.
No puede entrenar, no puede caminar, no puede respirar hondo.
Y yo sí.
Yo estoy viva.
Entonces sigo.
Hoy caminaba y respiraba fuerte, aire puro, profundo.
Y sentía que respiraba también por él.
Y cada inhalación era una forma de decir: sigo acá.
Durante mucho tiempo sentí que había perdido el control de mi cuerpo, de mi alimentación, de mi energía.
El duelo desordena todo. Peor aún porque lo subestimé y creí que no sería así, por nuestra historia…
No solo el corazón se desbarató…. también el cuerpo, los hábitos, las ganas, la vida.
Antes entrenaba, jugaba pádel, me sentía fuerte, vital… como jamás me había sentido…
Después de su muerte, volver fue dificilísimo.
Y hubo momentos en los que realmente creí que eso no iba a regresar nunca.
Pero esta semana algo se acomodó.
No por perfección, sino por presencia. Sentía que ya era insostenible seguir solo sobreviviendo…
Entonces volví a entrenar, a recuperar mi alimentación, tomar agua, vivir mejor.
Volví al cuidado amoroso.
Y mi cuerpo respondió.
Sentí que no lo había perdido como creía…
sentí que volví a mi cuerpo… volví a habitarme y
me emociona profundamente.
Sigo viva y voy por todas mis metas… debí atravesar este tiempo porque así fue necesario para que pueda nuevamente verme…
Si estás atravesando un duelo, o si lo atravesaste,
no te apures.
No te juzgues.
Pero tampoco te olvides de esto:
vos estás vivo.
Tu cuerpo está vivo.
Respira. Se mueve. Siente.
Moverte, comer mejor, caminar, respirar…
no es traicionar a quien se fue.
Es honrar la vida que sigue en vos.
Y si hoy podés dar un paso, aunque sea pequeño,
dale.
Porque vos podes hacerlo…
Y eso… ya es muchísimo.
Seguimos sanando juntos…
Emilia Morphom 🦋