18/12/2025
https://www.facebook.com/share/p/1CwtezN6p2/https://www.facebook.com/share/p/16g592Wcf7/
Desde la Gestalt, la repetición de las conductas no se explica únicamente por hábitos aprendidos ni por la historia, sino por la presencia de asuntos inconclusos que siguen activos en la experiencia actual. Un asunto inconcluso es una vivencia que no pudo cerrarse adecuadamente, una emoción no expresada, una necesidad no satisfecha, un conflicto no resuelto que permanece buscando completarse en el presente.
La conducta, entonces, se convierte en un intento reiterado de cierre. No se repite porque la persona “quiera” hacerlo ni porque esté fijada al pasado, sino porque algo de su experiencia quedó interrumpido y sigue demandando contacto. Desde esta perspectiva, el pasado no opera como causa mecánica, sino como figura inacabada que emerge una y otra vez en el aquí y ahora, reclamando atención.
Si la conducta dependiera solo de lo que ocurrió antes, el cambio sería improbable. Sin embargo, en Gestalt se entiende que el pasado solo tiene fuerza cuando sigue vivo en el presente, manifestándose como tensión, malestar difuso, compulsión o patrones relacionales rígidos. La repetición indica que la experiencia no ha sido plenamente asimilada; algo quedó pendiente de ser sentido, nombrado, expresado o comprendido.
Por eso, comprender la historia personal es útil, pero no suficiente. El énfasis terapéutico no está en reconstruir interminablemente el origen del problema, sino en observar cómo ese asunto inconcluso se actualiza hoy: en la forma de vincularse, de evitar, de insistir, de defenderse o de anestesiarse emocionalmente. La conducta es el lenguaje actual de una experiencia que no encontró cierre en su momento.
Cuando el asunto inconcluso puede entrar en el campo de la conciencia, cuando la emoción se permite, la necesidad se reconoce y el significado se integra, la conducta deja de ser necesaria. Ya no necesita repetirse, porque la función que cumplía ha sido completada. En Gestalt, el cambio no ocurre por la fuerza de la voluntad, sino por el darse cuenta que permite cerrar lo que quedó abierto. Allí, la repetición se transforma en posibilidad, y la conducta recupera su flexibilidad.