29/04/2026
𝗣𝗟𝗔𝗡 𝗩𝗦 𝗥𝗘𝗔𝗟𝗜𝗗𝗔𝗗 ©
Cuando algo falla
por Juan A. Currado
Entrenar y competir no es solo seguir un plan. Es ver qué hacemos cuando ese plan deja de coincidir con lo que está pasando.
A veces el ritmo no aparece. El cuerpo no responde. En competencia, algo se desarma: un error, una mala decisión, una sensación que no estaba prevista. Y ahí se abre un punto que define más que el resultado: la diferencia entre lo que se esperaba y lo que es posible en ese momento.
Hay quienes insisten y aprietan más, como si el cuerpo tuviera que adaptarse a lo planificado. Otros se desordenan, se frustran, pierden eje. En ambos casos se pierde algo central: la capacidad de registrar lo que está pasando y ajustar desde ahí.
Detrás de las dos respuestas hay algo en común: poca tolerancia a la frustración. Poder sostener la incomodidad de que algo no salga como se esperaba, sin colapsar ni escapar, es lo que hace posible cualquier ajuste. Sin eso, la reorganización no tiene lugar. Es una habilidad que se entrena, y que merece un espacio propio.
En la práctica deportiva, y en el resto de la vida, no siempre no siempre se puede hacer lo planeado. Se trata de poder estar en lo que está ocurriendo sin distorsionarlo. Reconocer si ese día alcanza para sostener el ritmo, si conviene ajustar, si hace falta reorganizar. No como renuncia, sino como precisión.
Porque el cuerpo no falla. Responde a las condiciones que tiene en ese momento. Y cuando eso no se escucha, aparece la rigidez: se insiste donde habría que ajustar, se fuerza lo que todavía no está disponible. Las consecuencias son concretas: la atención se estrecha, la respiración se altera, el movimiento pierde eficiencia. En ese estado, insistir no mejora el rendimiento. Lo deteriora.
Cuando hay registro, aparece otra posibilidad. No una renuncia al objetivo, sino una intervención más fina: bajar el ritmo unos segundos, dejar que la respiración se ordene, soltar tensión donde no aporta nada. Ajustes que no interrumpen la acción, sino que la reorganizan desde adentro. No es hacer menos. Es hacer con más precisión lo que en ese momento el cuerpo puede sostener.
Hay una idea que en el deporte suele costar aceptar: modificar no es fallar. A veces es lo más preciso que se puede hacer.
Eliud Kipchoge, uno de los mejores maratonistas de la historia, no terminó el maratón olímpico de París 2024. Fue la primera vez que abandonaba una carrera. No lo negó ni lo justificó. Volvió a entrenar, buscando entender qué había pasado y cómo seguir. Su respuesta fue sostener el proceso.
En el trabajo con deportistas aparece algo que se repite: el límite muchas veces no está en lo físico, sino en la dificultad de soltar lo que se había planeado cuando la realidad muestra otra cosa. Como si cambiar de plan fuera una forma de perder.
El rendimiento no se juega solo cuando todo sale como se espera. Se juega, sobre todo, en cómo alguien responde cuando eso no pasa.
© Juan A. Currado
Lic. en Psicología – UBA – MN 15.548
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