07/01/2026
𝗔 𝗗𝗢𝗥𝗠𝗜𝗥 ©
Hay mucho por hacer
por Juan A. Currado
"Disculpame, pero no puedo seguir perdiendo el tiempo con estas tareas. Tengo un montón de cosas que hacer. Me voy a dormir".
¿Te imaginas diciendo algo así? Posiblemente no.
Vivimos en la creencia de que dormir es un "tiempo perdido" que le robamos a la productividad... a la vida. Decimos "me voy a dormir" con un tono de culpa, como si estuviéramos abandonando mientras el mundo sigue girando. Esa culpa tiene un costo físico: en el último siglo hemos perdido casi dos horas de sueño por noche, y hoy uno de cada tres adultos intenta sobrevivir con menos de seis horas de descanso. Hemos normalizado una privación que la Organización Mundial de la Salud ya califica como una epidemia global.
Pero esa es la gran ilusión de nuestro ego.
Creemos que "hacer" es solo lo que pasa por nuestras manos o nuestra voluntad. Pesamos que somos protagonistas principales, pero nuestra biología y psiquis profunda hacen infinidad de cosas que apenas estamos empezando a entender.
A pesar del "Pienso, luego existo" de Descartes, existimos con mucha más fuerza cuando dejamos de pensar a propósito. El sueño nos mueve del antropocentrismo: nos demuestra que la inteligencia que nos habita no nos necesita despiertos para realizar un sinnúmero de tareas vitales. De hecho, a veces nuestra consciencia es solo ruido que le estorba.
𝗗𝗼𝗿𝗺𝗶𝗿 𝗻𝗼 𝗲𝘀 𝘂𝗻 𝗽𝗮𝗿𝗲́𝗻𝘁𝗲𝘀𝗶𝘀; 𝗲𝘀 𝘂𝗻𝗮 𝗺𝗮𝗿𝗮𝘁𝗼́𝗻 𝗾𝘂í𝗺𝗶𝗰𝗮 𝗰𝗮𝗱𝗮 𝗻𝗼𝗰𝗵𝗲.
Desde la biología, llamar "descanso" a la noche es una ironía. En las fases de sueño REM, el metabolismo del cerebro no solo se activa, sino que alcanza picos de consumo de glucosa que harían palidecer a los momentos de vigilia más intensos. No estamos apagados; estamos en medio de una labor de ingeniería frenética. El sistema glinfático entra en acción: las células cerebrales se contraen físicamente un 60% para abrir canales de limpieza y lavar, con la fuerza de una manguera química, la basura metabólica acumulada. Si no se hiciera ese trabajo de saneamiento, la mente colapsaría bajo el peso de sus propios desechos en cuestión de días.
Desde lo biológico somos un ensayo constante de aciertos y errores, pero es lo que nos permite despertar siendo una unidad y no un manojo de datos fragmentados. Mientras tanto, desde la psicología transpersonal, el sueño es el momento en que el "yo" narrativo se disuelve para que la psiquis pueda integrar nuestra pequeña biografía con algo más vasto. Es un trabajo de reconstrucción de identidad que ninguna jornada laboral podría igualar.
El "hacer" del día tiene su valor, claro, pero es una ejecución superficial si no tiene detrás la arquitectura que se construye sin que nuestra conciencia se entere. Así que, la próxima vez que el mundo exija sacrificar la noche por una urgencia diurna, es saludable dejar de pedir permiso y decir tranquilamente:
"Disculpá, tengo demasiado que hacer: me voy a dormir".
© 𝗝𝘂𝗮𝗻 𝗔. 𝗖𝘂𝗿𝗿𝗮𝗱𝗼. Lic. en Psicología, UBA, MN 15.548
📲 𝗔𝘀𝗶𝘀𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗽𝘀𝗶𝗰𝗼𝗹𝗼́𝗴𝗶𝗰𝗮: comunicate por WhatsApp haciendo clic aquí 👉 https://wa.me/5491169695459