01/12/2020
DIÁLOGO ENTRE REGINA Y KIERKEGAARD
R-¿Es posible que haya vivido toda su vida de la manera que explica?
K-Sí, toda mi vida y sin duda así la acabaré…
R- Pero ¿Cómo saber cómo acabará su vida? Acaso no sabe que creer que la historia ya ocurrió conlleva al camino obligado de volverse hacía el pasado y convertirse en lo que ya fue, desestimando que nuestra historia no es sino el futuro anterior de lo que habré sido para lo que estoy llegando a ser...
K- El destino todo lo sabe…
R-¿El Destino? ¿Qué es el destino?
K- El Destino es como Dios, absoluto, es aquello que no es posible de mediación, porque ya estaba allí sin que lo supiéramos. Lo que elegimos en realidad ya nos eligió…
R-Pero en la vida nada es absoluto, No se trata de suprimir la mediación como posibilidad del pensamiento, sino de afirmar un resto sobre el cual el pensamiento, como mediación de las contradicciones, no puede ejercer su dominio. La existencia no puede ser pensada, no puede poseer una continuidad absoluta. La existencia solo es posible como corte en el pensamiento.
K- Exacto querida Regina, la existencia es como el pecado, no puede ser objeto de pensamiento y solo se puede concebir como una falla originaria imposible de colegir como determinismo, ya que empieza da capo con cada individuo. El determinismo incide en cada uno (bajo la forma de la educación, la trasmisión de los contenidos morales) pero sin el salto cualitativo, que no se trasmite como una enfermedad o un dato objetivo, no habría pecado ni subjetividad.
Por eso querida Regina no hay nada más importante que el instante en que uno se asume a sí mismo como valor eterno, quien no haya experimentado la amargura de la desesperación se engaña acerca del sentido de la vida, es en ese instante en donde uno se asume como absoluto…
R-Pero uno no se puede elegir a sí mismo como absoluto, lo que ud. está diciendo es que se elige lo que ya estaba ahí en la ley paterna, pero la elección, la verdadera elección sólo es posible en la alteridad, que como tal, necesita de un afuera de la ley paterna, y es por ello que en ella no hay garantías…
Mi querido Kierkegaard no hay sino lo que es actual. Por eso es tan difícil vivir en el mundo de la reflexión. Es que en él no ocurre grandes cosas…
K- La ley paterna mi querida Regina no es sino el pecado paterno, y un hijo lo carga sobre sus hombros…
Le voy a contar mi historia así me entiende: El día que mi padre blasfemó contra Dios, y en su retorno Dios lo castigó con la muerte de todos mis hermanos, solo me dejó vivo a mí, para que cargase con ese pecado, y sabe Ud. que desde ese día mi familia quedó maldita, la sombra informe de la tristeza adquirió la huella de mi nacimiento y se enraizó como una adicción…
R-Pero Kierkegaard ante Dios siempre se es culpable, pero la falta es esencial y no para hacerse con ella culpable, cómo lo pretende Dios. Siempre hay en la ley una marca ilegible y enigmática. El hecho mismo de lo incomprensible de que la ley dicta el Bien, como su reverso el Mal, exige el recurso a Dios, que funciona como otro padre, y déjeme decirle que en el momento en que ud se enfrentó con el agujero incomprensible de la ley, en ese momento apareció la angustia en ud, y para resolverla imaginó esa relación con Dios y decidió hacerse culpable.
Pero hay una diferencia entre el padre y la ley simbólica, ésta última es la que el hijo debe elaborar por fuera del padre.
Cuando Ud se encontró con ese agujero, que no pudo sino leer con una contradicción que lo interpeló a decidir, en ese momento decidió quedarse en posición de hijo y reproducir el pecado paterno, por eso su sumisión frente a Dios, y desde ahí tomado por la ley manchada por su padre, que al mismo tiempo enunciaba que hay un punto imposible de pensar, en ese punto la ley se le volvió una tentación, y le fue más fácil seguir el guión del otro, que arriesgarse a construir el propio, trocó la incertidumbre de la vida, por la certeza ilusoria de la maldición, que se encargó de hacer de ella su destino.
Pero, pensar que ya todo sucedió, no es así no el as*****to al deseo, que es el único que nos permite esa abertura, que nos da un poco de aire, para salir de ese eterno retorno de lo igual que nos condena al aburrimiento y a miseria subjetiva.
Decidió perder la magia de la vida tornándola una obsesión mecánica...
¿Ud. sabe todo lo que pierde en ese afán de excluir a las personas? Las cuales son la leña que encienden el deseo…
Sin sentimientos, invenciones, humores, sin sorpresa, sin lágrimas, sin risas, sin palabras, sin promesas, sin caprichos, sin todas esas formas de miedo, de lo exótico, de nuevas caras, novelas, historias, sueños, fantasías, música, danza, vino, la vida se banaliza…
Lo romántico, las ganas, el deseo, el antojo, tiñen a la vida de nuevos colores, sabores, ritmos e intensidades y lo sacan de lo mortifico que puede resultar el determinismo familiar.
SJ