27/10/2019
El miedo, lejos de lo que comúnmente se piensa, es una emoción positiva, ya que nos alerta de un peligro. De esta forma podemos activar mecanismos de protección, pensar más rápido, correr o reaccionar.
Sin embargo, a veces puede paralizarnos. Cuando el miedo comienza a actuar como inhibidor se vuelve un problema.
Muchas veces esto comienza con una excesiva imaginación de nuestra mente y que nos hace creer lo peor de las situaciones. Nos ponemos peor sin darnos cuenta y sin ser conscientes de ello, exagerando lo que, en realidad, puede no ser nada. El catastrofismo hace que nos bloquemos. Se activan en nuestro cuerpo circuitos que nos vuelven tensos, nuestro corazón late más fuerte y nuestra mente va más de prisa. No podemos actuar, nos frustramos y nos genera impotencia. La forma para eliminar estas sensaciones es encontrar el circuito que se activa y que nos hace pensar que no vamos a poder. Si nos escapamos el miedo nos va a perseguir hasta alcanzar cada vez más aspectos de nuestra vida.