29/12/2025
Llegar a la edad adulta no garantiza habitar la adultez. Crecer biológicamente no siempre va de la mano con asumir lo que implica vivir desde un posicionamiento adulto.
¿Por qué muchas personas, aun siendo adultas, evitan ese lugar? Porque la adultez tiene costos, y no son menores.
Uno de ellos es la soledad.
A diferencia del niño o del adolescente —cuyos parámetros están puestos en los padres, ya sea para obedecerlos o para enfrentarlos— el adulto ya no cuenta con ese otro que marque el camino.
El parámetro pasa a ser propio, y eso conlleva una soledad existencial que no todos deciden sostener. Para habitarla, se necesita una estructura psíquica que no siempre está disponible.
Tanto el niño como el adolescente, en el fondo, nunca están verdaderamente solos: los padres siguen estando allí como referencia, incluso en el conflicto. En la adultez, esa referencia externa ya no organiza la vida.
Otro precio es la responsabilidad.
Asumir la adultez implica reconocer que lo que acontece en mi vida, en términos generales, me pertenece. Mi recorrido, mis elecciones y mis consecuencias forman parte de una construcción propia.
Ya no hay a quién adjudicarle el guion de lo que vivo.
También aparece la conciencia de finitud.
El niño conoce la muerte de manera abstracta. El adolescente la ubica lejos, casi ajena. El adulto, en cambio, empieza a percibirla como una posibilidad real. Muchas veces, resistirse a ocupar un lugar adulto también es una forma de esquivar esa conciencia de límite, de evitar el contacto con la idea de un final.
Ahora bien, ¿qué sucede cuando la adultez empieza a ser asumida?
La persona suele sentirse más centrada, con mayor orden interno. Los vínculos dejan de organizarse desde la necesidad o la dependencia y comienzan a sostenerse más en el amor, el respeto y el reconocimiento mutuo: del otro como valioso y de uno mismo también.
Esto no significa ausencia de conflictos. Todo lo contrario: una característica de la adultez es aceptar que el conflicto existe, no huir de él, sino aprender a habitarlo.
-