05/05/2026
En una reunión con mi equipo salió esta pregunta y no la pude soltar. La convertí en esto.
Deslizá. 👉
¿Y si lo que nos hace daño no está afuera, sino en nuestra propia pantalla?
Llevamos años hablando del bullying como algo que les pasa a los chicos en el colegio. Pero nadie habla de lo que nos pasa a los adultos cuando abrimos Instagram y encontramos, sin haberlo pedido, todo lo que nos hace sentir que no somos suficientes.
Profes que parecen saberlo todo. Cuerpos que parecen perfectos. Estudios que parecen llenos. Restaurantes, locales, consultorios — da igual el rubro — siempre hay alguien que parece tenerlo todo resuelto. Y ese contenido, sin decirte nada directamente, te susurra que estás atrasado, que te falta, que podrías ser más.
Eso también es violencia. Silenciosa, pero violencia.
Por eso quiero proponerte algo concreto: limpiar tu algoritmo.
No como un detox de fin de semana. Sino como un acto consciente de higiene emocional.
— Dejá de seguir a quien te genera comparación, ansiedad o angustia. Aunque sea muy bueno. Aunque todos lo sigan.
— Animáte a borrar. No tenés que explicarle nada a nadie.
— Empezá a seguir lo que te nutre, lo que te inspira, lo que te despierta ganas — no lo que te paraliza.
Y hay algo más que me parece importante: cuando empezás a hacer esta limpieza, el algoritmo te sigue. Literalmente. Lo que dejás de consumir y lo que empezás a buscar le va marcando el camino. De repente aparecen perfiles que no sabías que existían y que te nutren de verdad. La limpieza no es solo emocional — también le estás hablando a la tecnología. Y ella escucha.
Las redes pueden ser un lugar de aprendizaje real o un espejo distorsionado. Vos elegís qué entra.
Yo también estoy en ese proceso. Y te cuento: se respira diferente.
Con amor, Roma 🤍