28/03/2026
https://www.facebook.com/share/p/1FdB5iZYav/
Lo trajeron con un diagnóstico de autismo.
Tiempo después, alguien le sumó TDAH.
Dos etiquetas distintas… para el mismo niño.
Pero cuando lo estudiamos en este consultorio, con historia clínica completa y estudios bien realizados… aparece otra cosa:
👉 Un déficit de glutamina.
Y entonces la pregunta es incómoda, pero necesaria:
¿cuántos niños están siendo definidos por lo que se ve… y no por lo que realmente les pasa?
Hoy, gran parte de los diagnósticos se sostienen en lo observacional:
conducta, respuesta, adaptación, mirada externa.
Pero observar no es lo mismo que comprender.
Un déficit de glutamina puede impactar en la función intestinal, en la permeabilidad, en la respuesta inflamatoria…
y también en el funcionamiento cerebral.
👉 Irritabilidad
👉 Dificultades en la regulación
👉 Problemas atencionales
👉 Alteraciones conductuales
Y entonces el niño empieza a parecer otra cosa.
¿Y qué pasa cuando no se busca la causa?
👉 Terminan con risperidona, un fármaco que seda.
👉 O con metilfenidato, un fármaco que estimula.
Uno apaga.
El otro empuja.
Pero ninguno responde a la pregunta más importante:
¿por qué ese cerebro está funcionando así?
Cuando no se estudia la base orgánica, se empieza a intervenir sobre el síntoma… y no sobre el origen.
Y ahí es donde se pierde tiempo valioso.
Porque no todos los niños necesitan más medicación.
Muchos necesitan que alguien investigue mejor.
A veces el cambio no está en agregar…
sino en entender.