27/05/2020
Alteraciones del sueño en la pandemia.
Frente a una situación de peligro, se reactualizan los mecanismos tendientes a la autoconservación. Entre otros, se exacerba la vigilancia, dado que se percibe el riesgo y dormir puede significar perder la vida.Se necesita poder manejar lo que está sucediendo, y la prolongación de la vigilia otorga la sensación de controlar lo que pasa y disminuir la indefensión (que nos remite a los primeros tiempos de existencia). Como ocurre, por ejemplo en situaciones de guerra o catástrofes naturales, el miedo activa nuestro sistema de alerta, que está exacerbado, porque la pandemia nos exige muchos esfuerzos. Así, para cuidarnos, estamos obligados a quedarnos adentro, modificar nuestros planes de viajar o asistir a un espectáculo, dejar de tener contacto físico con nuestros seres queridos, soportar la incertidumbre laboral, cambiar nuestros hábitos, etc, etc….
El organismo, para adaptarse, tiene cuatro mecanismos de control: nervioso, endócrino, inmunológico y psíquico. Lo que se trastorna en uno de ellos, modifica a los demás.
Se alteró la vida cotidiana y con ella, los ritmos circadianos (sueño/vigilia; apetito/saciedad) de modo que también nos sentimos más cansados.Es que durante el dormir, menos el aparato locomotor, está todo en movimiento. Se producen enzimas, hormonas, neurotransmisores, sustancias del sistema inmunitario; se detoxifica el cuerpo; se fija la memoria y muchos otros procesos reparatorios, necesarios para una buena salud.
Por ello, es muy importante que tratemos de mantener nuestras rutinas lo mejor posible: hacer las cuatro comidas, algo de actividad física, exposición a la luz solar (si se tiene un patio, balcón, terraza, genial, si no, quedarse unos minutos en la vereda que no haya gente, al salir a hacer las compras); tratar de disfrutar de cosas que nos gusten y tengamos a mano. También es fundamental, no quedarse a la noche con las pantallas encendidas (estamos ahora con muchos más estímulos que antes) Cuando el cerebro sigue conectado a los dispositivos que no paran de emitir estímulos visuales y sonoros, se altera “la llave” del encendido/apagado del ritmo vigilia/sueño y luego se confunden los demás sistemas que controlan el equilibrio de todas las funciones psicofísicas.
Por último, aquellas personas que tengan alteraciones del sueño anteriores al covid-19, seguramente incrementaron los síntomas. Eso también sucede con otras problemáticas (quien venía procesando un duelo, se le suma otro más; el ansioso aumenta su ansiedad; quien se sentía inseguro en su trabajo, su salud, los vínculos, hoy se siente más inestable) Esta nueva realidad en la que toca vivir, nos desafía a diseñar de un modo distinto lo cotidiano. Hemos perdido (por un tiempo) la libertad externa, pero no la libertad interior. Con ella es preciso afrontar esta nueva realidad, con la incertidumbre de lo que no podemos controlar, sólo confiar en que esto pasará y habremos aprendido algo para continuar la vida siendo mejores.
Lic. María Abraham
M.N.:20.126