Lic. Alicia Sabó

Lic. Alicia Sabó Lic en Psicología. Psicomotricista. Especialista en estimulación temprana. Especialista en pluride

07/01/2026
¡ABIERTA LA INSCRIPCIÓN 2026!Especialización Anual en CLÍNICA DE LA PRIMERA INFANCIA: Estimulación temprana,  Neonatolog...
07/01/2026

¡ABIERTA LA INSCRIPCIÓN 2026!
Especialización Anual en CLÍNICA DE LA PRIMERA INFANCIA: Estimulación temprana, Neonatología, plurideficiencias e inclusión escolar.

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☆Modalidad virtual, sincrónica o asincronica.
☆Lic. Alicia Sabó y equipo docente interdisciplinario.

✍️ Escribinos a saboalicia@gmail.com
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Alojar su malestar, darle lugar y  espejar las emociones en juego, jugando otras posibles, contenedoras, calidas, sorpre...
05/01/2026

Alojar su malestar, darle lugar y espejar las emociones en juego, jugando otras posibles, contenedoras, calidas, sorprendentes...
Darle brillo al afecto contenido en escenas de ficción, siempre centrales en la infancia.

Y que renovemos la opciones para acompañar a los demás...aunque no sepamos bien el cómo.
¡Salud🥂🙏 y bienvenido 2026!💜


www.aliciasabo.com 🌷

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05/01/2026

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Darle brillo al afecto contenido en escenas de ficción, siempre centrales en la infancia.

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Alojar su malestar, darle lugar y  espejar las emociones en juego, jugando otras posibles, contenedoras, calidas, sorpre...
05/01/2026

Alojar su malestar, darle lugar y espejar las emociones en juego, jugando otras posibles, contenedoras, calidas, sorprendentes...
Darle brillo al afecto contenido en escenas de ficción, siempre centrales en la infancia.

Y que renovemos la opciones para acompañar a los demás...aunque no sepamos bien el cómo.
¡Salud🥂🙏 y bienvenido 2026!💜

Lic. Alicia Sabó 🌷

Alicia Sabo. Formación académica, especialización en infancia, adolescencia y familia.

El hombre de esta fotografía no es un pobre, ni un mendigo, ni un vagabundo. Este hombre es León Tolstoi: uno de los gig...
30/12/2025

El hombre de esta fotografía no es un pobre, ni un mendigo, ni un vagabundo. Este hombre es León Tolstoi: uno de los gigantes de la literatura rusa, todo el mundo conoce su nombre, pocos conocen la extraordinaria historia que se esconde tras esta fotografía:
A los cincuenta años, Tolstoi cayó en una depresión. Su tristeza aumentaba día a día, sin razón alguna. Tolstoi era conde, uno de los hombres más ricos de su país, famoso en todo el mundo. Sin embargo, era infeliz. «El dinero no era nada, el poder no era nada. Se veía a muchos que tenían lo uno y lo otro y eran infelices. Incluso la salud no importaba mucho; había gente enferma llena de ganas de vivir y gente sana que se marchitaba angustiada por el miedo a sufrir».
Un día, en la avenida Afanasevsky, vio a un huérfano y, conmovido por la compasión, se lo llevó a su casa. Y por primera vez en mucho tiempo, se sintió bien. Se olvidó de sí mismo, de sus problemas, de su tristeza. A partir de ese momento, Tolstoi renunció a sus ropas de caballero, a sus lujos y privilegios y comenzó a llevar una vida sencilla, regalando lo que poseía a los necesitados.
“No me hables de religión, de caridad, de amor”, solía decir, “sino muéstrame la religión en tus acciones”. Tolstoi fue también el primer teórico de la no violencia, predicó la fraternidad entre los pueblos y sus ideas inspiraron a otra gran figura del siglo XX, Mahatma Gandhi. Hasta el día de su muerte siguió ayudando a los demás, por eso muchos decían que estaba loco. En un mundo donde sólo cuenta el tener, poseer cosas e incluso personas, donde todos quieren tomar pero nadie sabe dar, Tolstoi parecía un loco.
Un día, un viejo amigo suyo, que, a diferencia de Tolstoi, vivía en la comodidad y el lujo, le dijo: «¿Qué sentido tiene hacer todo esto? ¿Qué te importan los demás? Deberías pensar en ti mismo». A lo que Tolstoi respondió: «Si sientes dolor, estás vivo, pero si sientes el dolor de los demás, eres humano.

Que este legado nos encuentre mas humanos cada día.
¡¡Muy feliz nuevo año 2026!!

Lic. Alicia Sabó y equipo

En 1942, mientras Europa ardía bajo la Segunda Guerra Mundial, un grupo de niños polacos llegó exhausto a la costa occid...
28/12/2025

En 1942, mientras Europa ardía bajo la Segunda Guerra Mundial, un grupo de niños polacos llegó exhausto a la costa occidental de la India. Eran huérfanos. Habían sobrevivido a los gulags soviéticos, al hambre en Siberia y a la pérdida de sus padres. Habían cruzado medio mundo con una sola esperanza: encontrar un lugar donde vivir.

Las autoridades coloniales británicas dudaron. Hablaron de trámites, de recursos, de tiempos difíciles. Para esos niños, acostumbrados ya a que el mundo les cerrara la puerta, no era nada nuevo.

Entonces, un hombre decidió no mirar hacia otro lado.

Su nombre era Maharaja Jam Saheb Digvijaysinhji Ranjitsinhji Jadeja, gobernante de Nawanagar, en la actual Gujarat. Cuando supo que cientos de niños polacos necesitaban refugio, no pidió permisos ni hizo cálculos políticos. Simplemente dijo: “Tráiganlos”.

Y añadió algo más poderoso todavía: “Si nadie los quiere, yo sí”.

Los niños fueron llevados a Balachadi, cerca de Jamnagar. Allí no encontraron un campo de refugiados, sino un hogar. El maharajá los recibió como a hijos. Les dijo que ya no eran huérfanos, que ahora tenían un padre, y que su infancia no había terminado.

Durante seis años, Balachadi fue una pequeña Polonia en la India. Se enseñaba en polaco. Se comía comida polaca. Se celebraban fiestas polacas. El objetivo no era borrar su pasado, sino proteger su identidad mientras el mundo se desmoronaba.

El maharajá los visitaba, celebraba sus cumpleaños y se interesaba por sus sueños. Les devolvió algo que la guerra les había robado: la sensación de ser queridos.

Muchos de esos niños crecieron y se convirtieron en médicos, maestros, ingenieros y diplomáticos. Nunca olvidaron a la India ni al hombre que los salvó cuando nadie más quiso hacerlo.

Décadas después, Polonia lo honró como a un héroe nacional. En Varsovia existe una plaza con su nombre. Para quienes fueron aquellos niños, Jam Saheb no fue un gobernante extranjero.
Fue su padre.

Esta historia recuerda algo esencial: los imperios fallan, la burocracia duda, pero una sola persona puede elegir la humanidad.

En 1942, un rey indio salvó a 640 niños polacos no por obligación, sino por compasión.

En 1942, mientras Europa ardía bajo la Segunda Guerra Mundial, un grupo de niños polacos llegó exhausto a la costa occid...
28/12/2025

En 1942, mientras Europa ardía bajo la Segunda Guerra Mundial, un grupo de niños polacos llegó exhausto a la costa occidental de la India. Eran huérfanos. Habían sobrevivido a los gulags soviéticos, al hambre en Siberia y a la pérdida de sus padres. Habían cruzado medio mundo con una sola esperanza: encontrar un lugar donde vivir.

Las autoridades coloniales británicas dudaron. Hablaron de trámites, de recursos, de tiempos difíciles. Para esos niños, acostumbrados ya a que el mundo les cerrara la puerta, no era nada nuevo.

Entonces, un hombre decidió no mirar hacia otro lado.

Su nombre era Maharaja Jam Saheb Digvijaysinhji Ranjitsinhji Jadeja, gobernante de Nawanagar, en la actual Gujarat. Cuando supo que cientos de niños polacos necesitaban refugio, no pidió permisos ni hizo cálculos políticos. Simplemente dijo: “Tráiganlos”.

Y añadió algo más poderoso todavía: “Si nadie los quiere, yo sí”.

Los niños fueron llevados a Balachadi, cerca de Jamnagar. Allí no encontraron un campo de refugiados, sino un hogar. El maharajá los recibió como a hijos. Les dijo que ya no eran huérfanos, que ahora tenían un padre, y que su infancia no había terminado.

Durante seis años, Balachadi fue una pequeña Polonia en la India. Se enseñaba en polaco. Se comía comida polaca. Se celebraban fiestas polacas. El objetivo no era borrar su pasado, sino proteger su identidad mientras el mundo se desmoronaba.

El maharajá los visitaba, celebraba sus cumpleaños y se interesaba por sus sueños. Les devolvió algo que la guerra les había robado: la sensación de ser queridos.

Muchos de esos niños crecieron y se convirtieron en médicos, maestros, ingenieros y diplomáticos. Nunca olvidaron a la India ni al hombre que los salvó cuando nadie más quiso hacerlo.

Décadas después, Polonia lo honró como a un héroe nacional. En Varsovia existe una plaza con su nombre. Para quienes fueron aquellos niños, Jam Saheb no fue un gobernante extranjero.
Fue su padre.

Esta historia recuerda algo esencial: los imperios fallan, la burocracia duda, pero una sola persona puede elegir la humanidad.

En 1942, un rey indio salvó a 640 niños polacos no por obligación, sino por compasión. Y ese gesto sigue resonando, ochenta años después, como una de las lecciones más profundas del siglo XX.

La "falla personal"...peligroso termino que no entiende de procesos, de construcción y de No saberes, esos que nos permi...
27/12/2025

La "falla personal"...peligroso termino que no entiende de procesos, de construcción y de No saberes, esos que nos permiten crear a cada paso, nuestro paso por esta vida.

📣 Ya podés inscribirte a la Especialización Anual en Clínica de la Primera Infancia, una formación integral que aborda e...
27/12/2025

📣 Ya podés inscribirte a la Especialización Anual en Clínica de la Primera Infancia, una formación integral que aborda estimulación temprana, neonatología, plurideficiencias e inclusión escolar.

Inscribite durante el mes de Enero y obtené un 20% OFF en la matrícula.

🌟 Una propuesta diseñada para profesionales que buscan ampliar su mirada, actualizarse y acompañar de manera más profunda los primeros años de desarrollo.

💻 Modalidad online: podés cursar de forma sincrónica o asincrónica.
🗓️ Encuentros: un sábado al mes, de 9.30 a 17hs.
✍️ Si querés recibir el programa completo y más información, escribinos por DM o a saboalicia@gmail.com

27/12/2025

Nos repiten que la escuela debe girar alrededor del alumno, pero olvidan decirnos quién sostiene ese giro todos los días, con el cuerpo cansado y la mente saturada. Hoy la consigna de moda es: "el estudiante al centro" y hay que agregarle: "el docente al límite."

La narrativa educativa actual está llena de palabras amables y promesas atractivas. Se nos exige formar alumnos resilientes, emocionalmente regulados, creativos, felices, autónomos y motivados. Se nos pide que enseñemos jugando, que contengamos emociones, que generemos ambientes “neuroseguros” y que personalicemos el aprendizaje. Todo suena bien. El problema aparece cuando esa exigencia no viene acompañada de condiciones reales para quien la debe materializar.

En la escuela cotidiana, el discurso del enfoque centrado en el alumno convive con aulas saturadas, burocracia creciente, evaluaciones estandarizadas, carga administrativa excesiva y salarios que no corresponden al nivel de responsabilidad social que se deposita en el magisterio. Se espera que el docente sea pedagogo, orientador emocional, mediador familiar, gestor de conflictos y, al mismo tiempo, que mantenga resultados académicos medibles. Todo esto sin una política clara de bienestar docente.

Aquí surge una de las contradicciones más graves del sistema educativo: se habla de cuidado emocional del estudiante mientras se normaliza el desgaste del maestro. Se promueve la educación socioemocional, pero se ignora que un docente agotado difícilmente puede sostener vínculos pedagógicos sanos.

El enfoque centrado en el alumno ha sido simplificado hasta convertirse en una coartada política. Bajo esa bandera, se traslada la responsabilidad del éxito o fracaso educativo casi exclusivamente al docente. Si el alumno no aprende, se cuestiona la estrategia del maestro. Si hay conflictos emocionales, se señala su manejo de grupo. Si los resultados no mejoran, se pide “innovar más”. Así, el sistema se lava las manos mientras coloca la presión en el aula.

Desde la pedagogía crítica sabemos que el aprendizaje no ocurre en el vacío. Está atravesado por condiciones sociales, económicas y laborales. Pretender que el docente compense todas las desigualdades con buena actitud y creatividad es una forma elegante de ocultar la falta de políticas estructurales. La equidad educativa no se logra con discursos motivacionales, sino con inversión, acompañamiento y respeto profesional.

En la práctica escolar, esto tiene efectos claros. Docentes con licencias médicas frecuentes, rotación constante de personal, climas laborales tensos y una creciente desafección hacia la profesión. Cuando el maestro sobrevive, el aprendizaje se resiente. Cuando el docente está al límite, la escuela pierde estabilidad. Y cuando el sistema ignora esto, reproduce la desigualdad que dice combatir.

Hablar de ambientes emocionalmente seguros sin hablar de bienestar docente es una incoherencia pedagógica. No se puede exigir regulación emocional a quien trabaja bajo presión permanente. No se puede pedir empatía infinita a quien no recibe respaldo. No se puede centrar la escuela en el alumno mientras se deshumaniza al docente.

Por ningún motivo, se desea oponerse al derecho del alumno, sino el punto crucial es entender que ambos están ligados. Una escuela justa no enfrenta estas dos figuras; las sostiene juntas. Mientras no se reconozca que el cuidado del docente es una condición básica para cualquier innovación educativa, seguiremos repitiendo consignas vacías y cargando culpas donde no corresponden.

El verdadero debate no es si la escuela debe centrarse en el alumno, sino por qué el sistema decidió hacerlo a costa del maestro.

Fuentes de información

Freire, P. (2012). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Siglo XXI Editores.

Hargreaves, A., & Fullan, M. (2014). Capital profesional: Transformar la enseñanza en cada escuela. Morata.

UNESCO. (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: Un nuevo contrato social para la educación. UNESCO.

OCDE. (2019). TALIS 2018: Resultados (Volumen I): Docentes y directores como profesionales valorados. OCDE Publishing.

Day, C. (2019). La pasión por enseñar. Narcea Ediciones.

Vaillant, D. (2015). El bienestar docente y su impacto en la calidad educativa. PREAL.

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