26/11/2025
En este viaje entendí que no todas las olas, son mis olas.
Me acuerdo que sentía la ansiedad cerquita, a la vuelta de la esquina, como si un tsunami estuviese a punto de llegar. Grandes áreas de mi vida este año tomaron unos caminos muy extraños, ni buenos, ni malos. Unos caminos “ni”.
Como transitorios, momentáneos, efímeros y etéreos. Todos decididos por mi, pero con una sensación de estar siempre en el aire. Me faltaba raíz. A mi, que mi stellium en Capricornio casi me gobierna. Como si fuese un símil retorno de Saturno. Con 33 años. Qué raro todo. No sé para dónde pisar.
Y entonces me fui al agua. A dejarme sostener por esa masa infinita de vida que tan temida como amada es.
Un avatar conocido, familiar.
Agarré la tabla y bailé con ella como si de toda la vida fuésemos amigas. Me supo desafiar, me supo sostener y me supo mostrar, que no todas las olas, eran mías para tomar.
Que a veces, basta con dejar los pies colgando de la tabla, sentir el movimiento, la corriente y la temperatura, basta con permitirse respirar, el aire salado, caliente y húmedo, basta con aprender a descansar y ver, que en realidad, ese tsunami, en verdad era tan solo espuma y que la Cami que esperaba un sacudón, era una vieja versión de la mujer que hoy cuenta con su cuerpo y presencia, como propia raíz.
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