31/01/2026
Cerrar un ciclo no siempre es un gran gesto.
A veces es un suspiro, una tensión que afloja, una conversación pendiente, una verdad que por fin se nombra.
El cuerpo lo sabe antes que la mente: registra lo que se abre, lo que se cierra y lo que todavía necesita tiempo.
Desde la mirada sistémica, los finales también dialogan con nuestra historia familiar: patrones que vuelven, roles que pesan, lealtades que piden ser revisadas.
Y en lo perinatal, los cierres son territorios especialmente sensibles: duelos, pospartos, nacimientos, decisiones que dejan huellas profundas.
Cerrar no es “terminar”. Cerrar es ordenar, integrar, acomodar. Es hacer espacio para lo que viene, sin apuro y sin exigencia.
Si estás transitando un final —grande o pequeño—, que este sea un recordatorio suave: no estás sola, y tu proceso merece ser acompañado con presencia y cuidado.