18/01/2026
-CUADERNO ROJO -
Me lo entregó casi como en una ceremonia, con gesto solemne, tildado de secreto.
La única condición fue que mirándolo desde el corazón le prometiera no abrirlo hasta que su alma se volviera invisible. Porque él lo tenía tangible, en el andar, el brillo de su mirada, la suavidad en la piel y ese olor a canela de sus cabellos.
Es mucho tiempo, pensé. Pero mucho más lo eran mi lealtad y amor.
Lo guardé por años en un rincón sagrado de mi biblioteca porque él y todo de él, lo eran.
Compartimos retazos de vida en algunas otras ocasiones.
Confiaba tanto en mí, que nunca preguntó por su entrega y mi misión.
Nuestros ojos siempre tuvieron particular diálogo sin voz, pero sí muchos abrazos álmicos y caricias de universo.
Un día, de esos que no esperas, avisaron de su mudanza al infinito.
Siempre viajábamos juntos desde el corazón y con la imaginación.
Este viaje era real y lo hizo solo.
Hoy, sé que anida en la estrella más amorosa.
Frente a su espacio, en el mío, dejo entrar su ausencia para que me abrace.
Como antes, como siempre, velas encendidas, música hindú y la magia de ser.
Abro con ansiedad la máxima expresión de su callada voz, asilada en el cuaderno rojo.
Celia Pérez de Villarreal. Córdoba. Argentina. D.R.A.