24/11/2016
Algo que me ha despertado interés a partir del ejercicio de la psicología clínica es la observación de que algunas personas (no tengo un dato estadístico ni es algo general) no se hace preguntas.
Cosas que doy por obvias como "¿qué me gustaría lograr?", "¿de qué me creo capaz?", "¿vivo de la manera que me gustaría vivir?" o "¿por qué estoy con las personas con las que vivo?" son objetos extraños en la cabeza de algunos pacientes.
Plantearles el interrogante a veces despierta cambios de actitudes impredecibles, por lo que intento dosificar una pregunta a la vez y ver qué pasa.
A veces sale bien.