16/11/2022
Año 2018, es el invierno más frío en Rishikesh de los últimos 120 años. Luego de un largo y sobresaltado viaje, llego al hotel, apenas dejé el equipaje, realicé los menesteres propios del arribo, y sin siquiera desempacar, busque a tumbos entre angostas callejuelas, casas agolpadas, carteles ininteligibles y muros extensos, la bajada intuitivamente que me llevará en dirección al río.
El gps marcaba unas cuantas cuadras, el frío aunque sin viento se hizo notar. En los senderos matutinos es común encontrarse con vacas, monos, perros y poca gente pese a ser ya cerca de las 9.
Y más allá de las construcciones, árboles y matorrales me esperaba la vista del Ganges. Ganga Maa, La sagrada madre para los hindúes.
El corazón late fuerte! Mucho tiempo pasó para que nos encontráramos por primera vez! Busque la forma de bajar por varios senderos, cosa más compleja de lo que parece.
Y pese a todas las recomendaciones, fui directo a tocar el agua helada de lejanos deshielos.
Momento de detener el tiempo, meditar, encontrarme.
Y agradecí todo el camino, todo lo que me llevo hasta allí.
Hoy agradezco tantos y tan lindos recuerdos, pasaba horas contemplando el Ganges, horas en silencio. De día y de noche.
La vida está llena de oportunidades que están mucho más cerca de lo que creemos, hay que permanecer con los ojos de la intuición y el corazón disponible para verlas.