03/06/2020
El primer trauma por el que TODOS pasan en la vida se llama NACIMIENTO.
Cuando nacemos (para existir, no para dar a luz), vivimos cómodamente sentados en un colchón de agua, rodeados de total comodidad y seguridad.
No sentimos frío ni calor, la temperatura siempre es agradable.
No tenemos hambre ni sed. Tenemos una conexión íntima que nos nutre ni más allá ni por debajo de nuestras necesidades.
Nuestros cuerpos están llenos del mismo líquido en el que vivimos inmersos. Boca, nariz, oído, garganta, pecho y pulmones ... Todo está en el equilibrio más perfecto, sin el menor esfuerzo, aparte de contemplar esta paz.
Entonces nuestro cojín se endurece y las paredes se cierran a nuestro alrededor.
Una fuerza invisible que nos empuja a través de un tubo duro y estrecho nos saca de un lugar tan tranquilo y acogedor. O por un ser enorme con tentáculos que nos sacan de este santuario. Y por primera vez en nuestras vidas experimentamos molestias.
Nuestros ojos, que nunca han visto el más mínimo brillo, de repente se inundan de todo tipo de luz. Y nuestros oídos que solo escucharon sonidos tranquilos y rítmicos son atacados por sonidos agudos. Voces incesantes y chirridos.
Nuestro pecho lo presionan para escupir toda el agua, y por primera vez entra el aire frío, rasgándo, abriéndo y causando mucho dolor.
Luego lloramos, amenazados por primera vez.
Y finalmente, esa conexión íntima que nos mantuvo satisfechos finalmente se rompe.
Nuestra unidad, comodidad, saciedad y seguridad ya no existen.
Estamos, por primera vez en nuestras vidas, completamente solos e indefensos. Triste, frío, asustado y hambriento.
Este es el trauma original, que las técnicas de regresión como el Renacimiento buscan replantear, liberando a las personas de estas terribles sensaciones:
"Solo e indefenso. Triste, frío, asustado y hambriento".