27/09/2025
A mi amigo, el Doctor Greiding
No tengo muy claro qué pasa cuando nos morimos. Lo único que sé es que a esas personas que quisimos, que fueron importantes en nuestras vidas, las vamos a extrañar.
El lunes, cuando me enteré de la muerte del Dr. Greiding, me hallaba lejos de Buenos Aires, haciendo lo que a él le gustaba: participar en un evento de la especialidad. Mi primer impulso, por supuesto, fue de tristeza.
Cuando las emociones se empezaron a acomodar, me acordé de mis inicios: de compartir horas a su lado en su consultorio en el Instituto Argentino de Alergia, y luego, cuando me eligió para trabajar con él, lo cual me llenó de emoción. Iba a trabajar con alguien que no solo admiraba, sino que también me sorprendía por su inteligencia desbordante.
Y así fueron pasando los años. Un día apareció en Fundaler con un montón de ideas, como la de volver a hacer el Mitin, ese evento científico que él había creado, como tantos otros: el hoy Congreso de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica. Esa cercanía de vernos frecuentemente estrechó aún más nuestro vínculo. Y los dos fuimos envejeciendo. Pero a él no le hacía mella en su intelecto. Luego de un nuevo Mitin, que un día antes de que terminara lo vi yéndose del hotel. Me causó mucha sorpresa, porque siempre había estado hasta el final, como podía, pero siempre al pie del cañón. Ante mi asombro le dije:
—¿Dónde va, Doctor? (Yo nunca lo tuteé, no podía).
Él se dio vuelta, guardó un silencio largo y me respondió:
—Estoy viejo. Ahora te toca a vos. (Él sí me tuteaba). Se dio media vuelta y se fue, con su sobretodo grande, largo y gris.
Poco después, un evento cardíaco lo dejó muy mal. Estuvo mucho tiempo internado en un sanatorio y luego fue a un geriátrico. Su cabecita ya le empezaba a pedir una pausa. Yo lo visitaba y le contaba cosas que a él le gustaba escuchar. Hasta que un día me di cuenta de que no me reconocía, aunque sostenía la conversación. Fue cuando, agradeciendo las medialunas, al despedirse me dijo: “¿Lo puedo llamar?”. Nunca me había tratado de usted…
Seguramente estará en paz, reconfortado de esa pasmosa soledad que lo acompañaba. Lo voy a extrañar siempre.