06/11/2025
El Canto de los pájaros 📚📖 Taller de lectura del centro de día de salud mental.-
📍En el mes de agosto recibimos en nuestro espacio a Patricia Domínguez, quién vino a leer y a compartir con las/os integrantes del taller. -
Compartimos la publicación del Blog de los Clubes de lectura del Fondo de Cultura Económica. Pasen, vean, compartan y comenten 📝😊
Dejamos el link de la publicación 👇🏽👇🏽
https://fce.com.ar/clubdelecturas/todo/2025/10/navegar-por-el-mar-de-las-palabras/
"Navegar por el mar de las palabras"
Está siendo un año difícil para reunirnos a leer y conversar. Los jueves, lxs trabajadorxs de la salud de la provincia de Chubut se convocan en medidas de fuerza y Federico, el coordinador, lamenta tener que suspender el encuentro, pero la situación lo amerita. Si cada encuentro siempre es una fiesta, los de este año, aunque espaciados, nos ponen a hacer honor al nombre y cantamos como pájaros.
Hace unas semanas, hicimos nido en el Centro de Día, nos fuimos saludando y sentando alrededor de la mesa y Fede nos increpó por haber entrado sin respetar la contraseña que había puesto en la entrada: ¡con el entusiasmo de los saludos no miramos un cartel que invitaba a retirar unas bandas de papel impresas que tenían trabalenguas! Nos reímos muchísimo ante las dificultades para leerlos en voz alta y, a partir de cada uno, conversamos y nos fuimos alegremente por las ramas durante un rato.
Al terminar de leer todos, nos detuvimos en lo que Federico había preparado amorosamente: reposando sobre Ripios y adivinanzas del mar, de Fernando del Paso, navegaba un barquito de papel que Pablo había traído al Club, después de participar de un taller de origami en la Feria del Libro.
Lo pasamos muy bien con esas adivinanzas que proponen un juego en el que prima la sonoridad por sobre los significados.
– ¿Cuál es el mar más enredado?- leyó Jonathan.
– ¿Cuál es el mar más enredado?- se preguntó Macarena.
– La… Empieza con la… – le aclaró Jonathan.
– La marejada- dijo con convicción Andrés.
– La maraña- hipotetizó al mismo tiempo Mariela.
Cuando Jonathan confirmó que la respuesta es “la maraña”, Macarena le reconoció los créditos a la compañera:
– Ella, ella dijo.
– ¿Que es una maraña?- pregunté porque veía algunos rostros desconcertados.
– ¿Cómo enredado?- preguntó Mariela.
– ¿Algún ejemplo?- insistí.
– ¿Viste cuando se enreda el hilo de la pesca?- dijo Andrés.
– Y en el barrilete lo mismo, se te hace una maraña- agregó Federico.
– Y si estás tejiendo, se te hace una maraña- afirmó Macarena mostrando con sus manos el enredo- y en el pelo largo se te hace una maraña también.
A medida que avanzamos fueron tomando confianza y explorando posibles respuestas. Para adivinar cuál es el mar con alas, dijeron: la mara, la margarita, pero “no tienen alas”, protestó Sebastián.
– La margarita sería la mar de me-quiere o no me-quiere- dijo con picardía Federico.
– ¿La marea?- preguntó Pablo sin convencimiento.
– No. No tiene alas. La marea no tiene alas- le recordó Andrés.
– La mariposa- dijo Macarena y se llevó los aplausos.
Seguimos circulando el libro. Cuando llegó a Sebastián (que es el acompañante terapéutico de Ramiro) y se demoraba eligiendo, empezaron a apurarlo:
– Está eligiendo difíciles- se quejaba Andrés.
– Él ahora se está leyendo todas las respuestas de todas las otras. Así después va a ganar porque se sabe todas las respuestas- dijo Macarena.
¡Son deliciosas esas escenas de juego en la que se niegan a que alguien haga trampas! O cuando se avisan “¡Guarda que tenés al lado dos visores!” y los descubiertos ponen cara de “yo-no-soy”.
A la pregunta “¿Cuál es el mar que se parece a la mantequilla?”, le siguió una conversación que nos trajo recuerdos y nos hizo reír.
– Yo iba a decir la Dánica- dije.
– Pero no empieza con mar- me corrigió Andrés.
– ¡La Dánica! cuando salió la Dánica al comienzo, no nos gustaba el gusto porque lo comparábamos con la manteca -contó Mariela- después, como salía más barato, nos acostumbramos a la Dánica.
– Le iban a poner Dánica a mi hermana, pero no estaba en el listado- comentó Jonathan y nos reímos pensando en una nena con nombre de mantequilla.
– ¿Cuál es el mar que se parece a la mantequilla?- insiste seria Macarena y, ante la ausencia de respuestas, nos leyó con solemnidad- ¡La mar-ga-ri-na!
– Pero yo dije la Dánica dorada y no pude decir margarina- me reí de mí misma.
– ¡Claro, la margarina!- dice Mariela- ¡Siempre me vuelve la respuesta después!
De mar en mar llegamos a la propuesta poética de los libros que están dispuestos en la mesa. Tomé El mar de Micaela Chirif y les conté que la autora vive al lado de otro mar, en Lima en la costa del Pacífico.
Les compartí primero el epígrafe de Martín Adán con el que se abre el libro:
El mar es un alma que tuvimos y allí algunos ya comenzaron a cerrar los ojos en disposición a la escucha de poesía.
Al terminar de leer el poema ”El mar” [1], el silencio nos envolvió. Pidieron ver las ilustraciones. Repitieron algunos versos en voz alta.
Nos demoramos en otros poemas y la conversación derivó hacia las imágenes que nos llamaron la atención de la expedición del CONICET al cañón submarino de Mar del Plata.
Les convidé luego Barco de papel de Jorge Luján[2], pero se los leí sin mostrarles las ilustraciones de modo que cada uno fue imaginando su propio texto visual. Luego, al ponerlo en diálogo con las imágenes surgió el debate:
– ¿Qué vieron ustedes?- les pregunté.
– Un barquito de papel- se apuró a contestar Andrés.
– ¿Que iba por dónde?- pregunté aún sin mostrar las imágenes.
Todos afirmaron que el barco que vieron, mientras les había leído, iba por el mar.
– Y tu barquito de papel ¿por dónde iba, Jonathan?- le pregunté al verlo dudar- ¿Iba navegando por el mar o por la alcantarilla de una calle después de la lluvia?
– Navegando por el mar- dijo serio.
– Por un mar con muchas olas. Con muchas olas- afirma Pablo que se sumó justo cuando empezábamos con este texto.
Antes de abrir el libro, les recordé que cuando escucharon el texto, cada uno pudo pensar que iba por distintos lugares y también que cada barco podía haber sido hecho en distintas clases de papeles:
– Tu barquito de papel ¿estaba como este que trajo Fede hecho con hojas de revista o era en papel blanco?
– No, en papel de diario- afirmó Federico.
– ¿Y el tuyo, Ramiro?
– Blanco.
– Pablo, ¿vos pensaste en algún barquito de papel? ¿De qué clase de papel?
– Sí.
– ¿De qué clase de papel era?
– De revista, como éste -dijo señalando el que teníamos en la mesa e insistió- de revista.
– ¿Y Maca?
– Un barquito negro.
– Yo de papel madera- afirmó Mariela.
– ¿Y vos, Jonathan?
– Blanco, igual.
– Ahora vamos a ver este barquito de papel- dije señalando la ilustración de la tapa- No es que este sea el barquito correcto.
– El de verdad- dijo alguien en un murmullo.
– El del libro -continué- es el que inventó Julia Friese cuando se puso a dibujar el poema que escribió Jorge Luján. Pero cada uno tiene su barquito de verdad.
Siempre insistimos en validar todas las lecturas. Queremos que cada lectora, que cada lector sepa que su mirada es tan valiosa como la de lxs compañerxs y la de lxs autorxs.
– Vamos a ver por dónde andaba este barquito de papel- seguí diciendo.
Cuando muestro la imagen que corresponde al texto “Un barquito de papel lo hace cualquiera” se sonrieron cómplices al descubrir que está navegando en una bañera.
Y al seguir leyendo “Subirse a él y zarpar es otra cosa”:
– Es que es tremendo barco- afirmó Andrés.
Al dar vuelta cada página aparecieron los comentarios y las risas:
– Ahí cuando dice la lluvia es la lluvia de la bañera, de la ducha- se sorprendió Macarena.
Cuando el poema menciona las alcantarillas, vinieron los recuerdos de los juegos de infancia poniendo barquitos a navegar cuando paraba la lluvia.
Y al llegar a “Léeme, invéntame otra vez”, Mariela afirmó:
–Se encontraron ahí.
Cada vuelta de página trajo comentarios contraponiendo lo imaginado con lo que veían, multiplicando lecturas.
– Y acá se terminó de bañar- concluyó Macarena ante la última ilustración- Y se terminó de jugar y se terminó el poema.
– ¿Ya nos vamos?- preguntó Pablo.
Y, entonces, Fede volvió a sorprendernos: nos invitó a levantar una mano y a copiar su gesto. La fuimos bajando, la pusimos en la parte de abajo de nuestros asientos y ¡nos encontramos con un poema de regalo!
Bello y necesario en estos tiempos: recibir poesía para ir andando la vida. ¡Gracias, Federico!
Patricia Domínguez, que acompaña algunas veces
al Club de lecturas “El canto de los pájaros”
Comodoro Rivadavia – Chubut