29/12/2025
No soy de hacer balances de fin de año.
Suelo confiar más en los procesos que en las conclusiones,
en lo que se va armando de a poco, sesión a sesión, vínculo a vínculo.
Pero este año fue especialmente movilizador.
En lo profesional y en lo humano.
Aprendí mucho de mis pacientes.
De su coraje para mirarse,
de la incomodidad de cambiar,
de los tiempos singulares,
y de la importancia de no apurar lo que necesita ser cuidado.
También fue un año de trabajo en equipo.
De pensar casos junto a otros,
de sostenerme en la mirada de colegas,
de confirmar que la clínica no se ejerce en soledad
y que compartir preguntas también es una forma de cuidado.
Este año elegí seguir formándome.
Me encontré estudiando, revisando, cuestionando,
apostando a una especialización que me permitió profundizar,
afinar la escucha y seguir creciendo como profesional.
Di charlas en instituciones y escuelas,
con la convicción de que hablar de salud mental también es prevenir.
De que la divulgación, cuando es responsable y sensible,
puede habilitar preguntas, cuidados y redes
antes de que el malestar se vuelva silencio.
Y hubo algo muy significativo:
volví a la cátedra de Salud Mental en la facultad.
Volver a ese espacio fue reconectar con la formación,
con la transmisión,
con el deseo de pensar una psicología comprometida, ética y humana.
No siento que cierre un año.
Siento que sigo construyendo.
Con responsabilidad, con implicación emocional
y con la certeza de que este camino se hace con otros.
Gracias a quienes confiaron, acompañaron y compartieron este proceso.
Seguimos 🤍