17/08/2020
LAS MANOS DEL MASAJISTA Hay manos que avanzan seguras y firmes, calmando el dolor, ajustando un hueso, relajando un músculo, dejando flexible la articulación.
Hay manos que vibran serenas y fuertes, con un magnetismo de suave temblor, sanando un tejido, despertando un nervio, vandando un esguince, frotando un tendón... Manos que friccionan, amasan, presionan, con la maestría del que tiene un don: hacer llevaderos por rudos que sean espasmo y angustia, insomnio y tensión. Manos que adivinan en dónde nos duele, y saben tocarnos con gracia y unción; aquí se detienen, allá se prodigan, con ritmo sedante cual una oración. Desprende efluvios de luz bienhechora y dejan sus huellas mensajes de amor... ¡Acunan e irradian el Arte de Hipócrates, la luz de Avicena, la magia del Sol! Si alguno descubre las Manos que digo, ¡bendígalas siempre con honda ilusión!. Porque transfiguran nuestra carne herida, ¡y curan, a veces, hasta el corazón! Rogelio Garrido Montaña, Los poemas del Masaje
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