03/03/2026
ADICCIONES QUE SE VISTEN DE FE
Jesús no señala pecadores evidentes.
Señala algo peor: gente adicta a la apariencia.
Hablan de Dios, pero no viven lo que dicen.
Exigen, pero no cargan.
Predican, pero no se transforman.
Y esa también es una adicción.
La adicción al personaje.
Al lugar de poder.
A verse bien mientras por dentro todo está vacío.
Los fariseos imponían cargas pesadas que ellos nunca tocaron.
Hoy pasa igual.
Personas adictas a mandar.
A tener razón.
A controlar la vida de otros.
Y del otro lado, personas adictas a obedecer,
a callarse,
a soportar,
a confundir sometimiento con amor.
Eso no es fe.
Es dependencia espiritual.
Es una relación enferma con Dios y con los demás.
Pero Jesús corta de raíz:
nadie es dueño de nadie.
Nadie está por encima.
El que se cree grande, se pierde.
El que sirve, se encuentra.
Porque toda adicción funciona igual:
te quita libertad
y te convence de que así tiene que ser.
Sea una sustancia, una persona,
o una religión usada para dominar.
Pero hay salida.
Siempre la hay.
Empieza cuando dejás de actuar
y te animás a vivir lo que decís.
Cuando soltás el rol, el miedo, la máscara.
Cristo no vino a fabricar seguidores dependientes.
Vino a liberar personas.
Que esta palabra no te tranquilice.
Que te despierte.
Porque la fe verdadera no se muestra.
La fe verdadera se vive.
Que así sea.
—A. Luna