25/03/2021
Cuando hablamos de Yoga a veces se nos vienen a la mente imágenes de personas haciendo posturas que parecen propias del contorsionismo. Y pensamos que eso es Yoga (sólo eso).
Cuando comencé a los 23 años a practicar por primera vez, recuerdo que las posturas y movimientos más sencillos me parecían en muchas ocasiones difíciles de sostener. Y fue (y es) un recorrido lento, donde uno de los desafíos más grandes estuvo en la auto-aceptación, comenzando primero por aceptar al cuerpo en la postura.
Tuve la suerte de comenzar mi camino con maestros que tenían bien en claro ésto, y donde la perspectiva de las clases siempre apuntó hacia una auto-exploración, siendo el cuerpo el instrumento principal de autodesarrollo.
Con esta base, comprendí que uno/a puede ser un laboratorio de pruebas y errores. Pero al fin y al cabo, un laboratorio de experiencias y descubrimientos, donde no necesariamente hay que llegar a un lugar determinado.
Evidentemente hay un contraste cuando observo practicantes de todas partes del mundo subiendo fotos y videos haciendo complicadísimas posturas. Hay, indudablemente, una tendencia a visualizar asanas complejas, sólo posibles para practicantes de muchísimos años o para personas con tendencias corporales de mayor laxitud.
Lo complejo de este hecho es el impacto que genera en las personas que aún no saben muy bien de qué se trata el Yoga y su práctica. Reflexiono lo siguiente: de qué manera suma esta tendencia al "postureo" a generar mayor interés en la personas sobre la práctica? Es algo genuino o propio del ego?
A vos, que estás leyendo estas líneas y tal vez te sientas identificada/o, me gustaría saber qué es lo que pensas. Tu reflexión ayuda a entender más este fenómeno característico de nuestro tiempo.
Te abrazo
Gabo