24/03/2026
Hablar de la pata civil de nuestra última dictadura cívico-militar es un posicionamiento político. Nada nuevo. Desde un mismo lado siempre se remarcó, con nombre y apellido completo: "DICTADURA CÍVICO-ECLESIÁSTICO-MILITAR".
Somos lo que elegimos, dicen… Y claro que la democracia se queda corta, pues camina al paso patriarcal. Siguiendo la lógica del más numeroso. No hay consenso social posible. Prima, con ventaja, los intereses del núcleo más poderoso.
Pero, ¿quiénes somos para reclamar? ¿Pobres? ¿Obreras? ¿Recién paridas? ¿Negras? ¿Travas? ¿Deformes? ¿Analfabetos?
No reconocerse, no reconocernos.
Aquí también se mató en nombre de Dios. Se bendijeron los vuelos de la muerte. Se persiguió hasta en las iglesias y en las escuelas.
También se tuvo un vecino garca, con miedo e ignorancia, pero garca. También los hubo ciegos, sordos y mudos.
También existe y existió el gatillo fácil marrón. Los deseos de matar, con los colmillos afuera y la baba al chorro.
Nada cambia. Nuestras cuerpas siguen siendo motivo de cambio, de uso, descarte, placer, asco y método de castigo, de orden.
Todo sigue su rumbo como un ciclo sin fin.
Sin la casta médica cómplice, gran parte del terrorismo de Estado no hubiera existido.
Ya lo pensaba Roa Bastos en la Guerra al Paraguay: nos quieren como "un pueblo vencido en el sentido existencial de aniquilamiento de un destino colectivo".
Es hoy nuestro deber como médicas dejar una medicina más humana, la de mirada tierna. NUNCA MÁS sobre nuestros cuerpos la mirada médica hegemónica de la deshumanización, el disciplinamiento y la impunidad.
Eva Barrionuevo, hija orgullosa de ex presos políticos.