05/11/2014
Muchas veces me han preguntado cuál es la diferencia entre el psicoanálisis y la psicología. ¿Es lo mismo ir al psicólogo que al psicoanalista?
Por Walter Brunstein, Psicoanalista.
Digamos para empezar, que para ser psicoanalista primero hay que ser psicólogo, o sea, pasar por la universidad y recibir el título de grado, es decir, el psicoanalista tiene una formación de posgrado. Pero la diferencia no solo es esa, ya que existe una gran variedad de escuelas de distintas corrientes en psicología: sistémica, cognitiva-conductual, transpersonal, musicoterapia, psicoanalítica, además de la psiquiatría, (que tiene que ver con la medicina). Podemos decir que la diferencia fundamental entre el psicoanálisis y el resto de las corrientes es (más allá que sabemos que tiene que ver con Freud, y con el diván) simplificando un poco la cuestión: "la creencia en el inconsciente", esto es: la aceptación que existe otra instancia distinta a la conciencia, al pensamiento de todos los días, que tiene un saber desconocido para el individuo, y que ese saber, determina su vida más de lo que cree.
Todos hemos tenido la experiencia que en la vida cotidiana nos ocurren cosas que nos desconciertan, que nos dan cuenta que algo se escapa al pensamiento conciente, a lo que comúnmente llamamos el "yo" si se quiere. Claros ejemplos de esto son los sueños, los actos fallidos (por ejemplo, cuando decimos algo que no queríamos decir, cuando se nos escapa algo que parecería no pertenecernos), y hasta los chistes si se quiere, que dan cuenta de un segundo sentido de lo que se dice, y allí está la gracia justamente. Ahora, a esta suerte de equivocaciones podrían seguirle dos caminos básicamente: tratarlos como simples equivocaciones que en si no encierran nada, como yerros, o, tratarlos como expresiones de algo que se expresa como puede, de algo que intenta enviar un mensaje, de algo que fue reprimido y por eso insiste, tanto que a veces puede perturbar seriamente nuestra existencia.
Pues bien, el Psicoanálisis es la rama de la psicología que se especializa entre otras cosas en estos fenómenos a simple vista inofensivos, pues estas formaciones que le parecen ajenas a quien las produce, son manifestaciones del inconsciente, el cual tiene su propia lógica y sus propias reglas, y es el psicoanalista el que conoce acerca de ellas.
Ahora bien, desde esta perspectiva, la cura en el Psicoanálisis es completamente distinta a la cura en las otras ramas de la salud mental. En lugar de intentar corregir las desviaciones respecto de una supuesta normalidad, normalidad que puede llegar a ser aplastante, aniquilante, se trata de reconciliar al sujeto con aquello que le es propio y sin embargo no tiene lugar en su vida. Con esto no quiero decir que el ser humano se debe liberar completamente, o desinhibirse en grado extremo, no, se trata de encontrar el deseo, lo que nos mueve, de poner a jugar la pasión en nuestra vida, de separarnos de los ideales de perfección que nos rodean, de los modelos que nos mortifican, para encontrar nuestra forma de hacer las cosas. Se trata de ser creativo, de inventar e inventarnos, pues, sobre las cosas más importantes nadie puede decirnos nada esencial, ¿qué es la vida? ¿Qué es la muerte? ¿Qué es ser un hombre o una mujer? Son preguntas básicas que cada uno tiene que responder a su manera, y obviamente, ser creativo es a primera vista mucho más trabajoso que intentar copiar modelos de otros, pero… a la larga es mucho más satisfactorio y perdurable.
Es por eso que, atravesar un análisis está mucho mas allá de curarse, es transformarnos como individuos, es conocernos, cambiar la mirada ajena por la propia, es compartir lo común pero respetar la diferencia, y esto se extiende a muchos campos, inclusive al laboral, donde hoy más que nunca es necesario sacar de cada uno su capacidad renovadora, que su diferencia haga la diferencia, y la compañía que se ocupe de estos asuntos, de respetar la individualidad y creatividad de sus semejantes tendrá evidentemente una ventaja sobre el resto.
Quiero aclarar que trabajar desde el Psicoanálisis no es estar en contra de las medicaciones, que muchas veces son necesarias, sobre todo para determinados momentos y cuadros Psico-lógicos. Pero una cosa es disminuir la angustia o la depresión químicamente, y otra muy distinta es tratar de saber algo acerca de lo que angustia o reprime. Pero, la decisión de querer saber algo acerca de nuestro padecer corresponde a una elección personal, y allí es donde el respeto debe privar, no se debe obligar a alguien a ir más allá de donde quiera o pueda en un determinado momento. Para concluir este artículo, me gustaría poner un ejemplo hasta algo gracioso, de cómo alguien puede decidir escucharse o decidir ignorar el doble sentido que encierran sus palabras, y obviamente, las consecuencias son muy diferentes:
Hace algunos días tuve un encuentro (aunque no estoy seguro que haya sido un encuentro, sino mas bien un desencuentro) con un hombre de unos cuarenta años, dueño de un bar al que concurro ocasionalmente, y que sabe que ejerzo la psicología. Este señor dice que quería hablar conmigo un momento. Cuenta que su hijo que juega al fútbol en las inferiores de un club importante, está teniendo problemas. Le pregunto qué tipo de problemas y relata que esta muy agresivo en los entrenamientos, y que quiere jugar de diez (es una posición en el campo, que es un lugar muy particular, es el creativo del equipo, el lugar de Diego Maradona entre otros) pero lo mandan a jugar de tres (de defensor) y esto hace que discuta con el entrenador y que a razón de ello lo castiguen, dejándolo sin jugar por un tiempo.
Le pregunto qué es lo que piensa que puedo hacer yo, a lo que responde: "quiero que lo veas, para dar una opinión de alguien que es profesional, para ver como está". Le pregunto si el hijo está al tanto de su requerimiento, y responde que no, que lo va a traer diciéndole que quiere que vea a alguien y que yo converse con el sin decirle que soy un psicólogo, que me fije si está bien. Ante mi silencio me pregunta si estaría bien no decirle, y ante mi silencio se contesta solo:"¿no está bien engañarlo, no?". Le digo que hable con él y que luego me avise si es que está de acuerdo. Me agradece y me dice nuevamente que el quiere que lo vea para que alguien profesional pueda decir cómo está, a lo que le pregunto: "¿y vos cómo lo ves?... "de diez" me responde. Le digo: "¿de numero diez?". Me mira incrédulo. Termino la conversación ahí mismo y me retiro.
Días después me encuentra en la calle y me dice:"al final lo llamaron para ir a España con la tercera división y lo pusieron de diez". "Y?" Le contesto. No dice nada y sigue su camino. Este hombre no había captado nada de lo que le dije, o mejor dicho, había captado mucho pero eligió no hacerse responsable del probable deseo suyo que se intentaba abrir camino a través de su hijo. Obviamente el hijo no vino a verme, me dijo que lo había charlado con él y que su hijo le manifestó que no tenía ningún problema, que estaba bien, opinión que él también compartía. Rápido cambio de opinión para alguien que no mucho tiempo atrás estaba sumamente preocupado por la salud mental del adolescente. Creo que es un buen ejemplo para ver el particular uso de la palabra que hace este padre preocupado por su hijo, en lugar de decir: lo veo bien, o lo veo bárbaro o excelente, él dice:"de diez". Y si un padre ve a su hijo "de diez", se le hará difícil aceptar otra posición en el campo y en la vida.
Tal vez el Psicoanálisis podrá hacer que este joven sea capaz de entender que está tomado por un deseo que no es suyo, y que ésto le impide expresar lo propio, o tal vez decida seguir peleando por lograr ser un diez en la vida, y tal vez lo consiga, lo que no implica necesariamente que se sienta satisfecho con sus logros, y que sin saber por que, algo incómodo esté siempre allí, insistiendo, como un traje ajeno…
Eduardo Gaggino
Lic. en Psicología UBA
Consultorio: Gaebeler 1938 - Lanús Este
Tel: 4225-1798 / 156-131-1111