09/11/2021
Durante estos últimos años escuchamos, tanto en ámbitos educativos como terapéuticos, “estamos trabajando las emociones”. A partir de colores, imágenes y la asociación de estas se pretende “enseñar” qué es estar enojados, tristes, de mal humor, con miedo o enamorados. Sin embargo, al transmitir las emociones a los niños, únicamente a partir de la asociación de imágenes o colores, estamos realizando un REDUCCIONISMO DE LAS VIVENCIAS INFANTILES, minimizando las experiencias y posibilidades de SENTIR de un niño.
Propongo re pensar en lo siguiente:
Las emociones NO se enseñan, sino que se VIVENCIAN. Nos atraviesan en cuerpo y experiencia que dejan huella en nuestro ser, lo cual es mucho más complejo que una simple imagen. Así mismo, las emociones las experimentamos desde los primeros tiempos de vida donde somos capaces de reconocer diferentes sensaciones que, a medida que crecemos y tenemos mayor capacidad de compresión del mundo que nos rodea, podemos entenderlas y de a poco ir dándoles nombre: miedo, enojo, alegría, angustia (solo por nombrar algunas). LAS EMOCIONES LA VIVIMOS Y CONSTRUIMOS MOMENTO A MOMENTO, no existe un tiempo específico para aprenderlas.
Por eso, la mejor forma de ayudar a los niños y niñas a reconocer sus propias emociones para luego poder expresarlas es a través de la DISPONIBILIDAD de los adultos cuidadores. ¿Cómo? Si un niñx esta rodeado de CUIDADORES SENSIBLES a sus necesidades y disponibles a poder descifrar los diferentes mensajes, seguramente ese niño pueda construir con el otro (adulto) vivencias que le permitan reconocer las diferentes emociones. Aquellas que dejarán marca y servirán de “molde” para las siguientes.
Anahi Darritchón
Lic. En Musicoterapia (USal)
Especializada en Infancia (Hosp. De Niños Dr. R. Gutiérrez)
PG. Discapacidad y Derechos (UBA)