16/05/2026
Anonimato
Por el Dr. Hugo Rizzo
En mi segundo libro, Sensibilidad del Alma, escribí sobre una serie de personas que considero verdaderos héroes sociales anónimos. Personas que ayudan, sostienen y acompañan sin reconocimiento público ni social. Entre ellas destaqué especialmente el trabajo silencioso y comunitario de mis padres.
Hoy quiero rendir homenaje a alguien a quien nunca conocí personalmente, aunque esa persona sí conocía mi historia.
Viniendo de una clase social humilde, para poder estudiar Medicina tuve que trabajar para sostenerme. Aunque en realidad nunca estuve solo. Siempre aparece alguien en el camino que nos tiende una mano. Pensar que uno puede hacer todo solo es una utopía.
Por eso jamás dejo de agradecer a Dios por haber tenido a mi abuela aquí, en Buenos Aires. Ella fue incondicional conmigo, dándome incluso lo que muchas veces no tenía. Sin embargo, en los últimos dos años de la carrera debí dejar de trabajar porque Medicina requería de mí una dedicación absoluta.
Y es allí donde aparece esta historia.
Durante dos años, una persona que eligió el anonimato dejaba para mí un sobre en un domicilio determinado. Dentro había 300 dólares que yo retiraba y utilizaba para poder mantenerme y continuar estudiando.
Nunca supe su nombre. No era familiar ni alguien cercano. Solo alguien que vio una necesidad y decidió ayudar.
Pasaron muchos años desde entonces, pero no han pasado para mi memoria ni para mi corazón. Y hoy cuento esta historia porque creo que debe servir de ejemplo, para que otros puedan hacer lo mismo en cadena con quienes lo necesiten.
Estos son los verdaderos ejemplos a seguir en la vida.
Agradezco profundamente a esa persona anónima. Y también aprendí, gracias a ese gesto, a intentar ser así con los demás.
Dr. Hugo Rizzo
Médico de Familia y Pediatra
Escritor
Autor de Caminando junto a la Vida