04/05/2021
Para adquirir el lenguaje es necesaria la maduración del sistema nervioso, cierto desarrollo cognitivo y desarrollo socio-emocional, ya que el niño solo aprenderá a hablar si está expuesto al lenguaje.
Hay un consenso general en relación a las tres grandes etapas del desarrollo del lenguaje, por las cuales el niño avanza de manera gradual:
I. Etapa prelingüística (0 a 12 meses): los bebés nacen sin saber hablar, aunque hacen sonidos variados con sus órganos vocales, incluido el llanto, que suele ser el sonido dominante, e incluso los padres aprenden a discriminar los diferentes tipos de llanto. Para el primer mes los niños aprender a distinguir entre fonemas y otros sonidos, aunque a veces suenen muy parecidos. Se piensa que esta habilidad perceptual puede ser innata.
Dentro de esta etapa tenemos el prebalbuceo (0-2 meses) donde predominan las vocalizaciones reflejas y gorjeos (como el ya mencionado llanto); y el balbuceo donde, de los 3 a 6 meses predomina el juego vocal y luego (de los 6 a los 10 meses) la imitación (Navarro Pablo, s.f.)
Aunque los niños comienzan produciendo unos pocos fonemas, rápidamente producen casi todos los fonemas existentes, pertenezcan o no a su lengua nativa (expansión fonética). Aproximadamente a los 9-10 meses comienza la contracción fonética: ahora los fonemas utilizados serán solo los correspondientes al lenguaje del entorno. Los niños sordos dejan de balbucear a esta edad, probablemente debido a falta de retroalimentación de su propia voz.
Ya a los 4 meses pueden leer labios y discriminar sonidos. Mas o menos a esa edad comienza la etapa del balbuceo. No se trata de una imitación de los sonidos que escucha de los adultos, por que utiliza sonidos de diversos lenguajes. Los niños sordos también balbucean, sugiriendo que la natura permite una gama de fonemas antes que el contexto moldee el lenguaje. Muchos de los sonidos del balbuceo son pares de vocales-consonantes (da-da, ma-ma, ta-ta). Luego de un tiempo, el balbuceo se convierte en sonidos y entonaciones del entorno y, a los 10 meses, un oído entrenado puede identificar el lenguaje de la casa.