21/04/2026
LAS PALABRAS CRECEN
Voy a comenzar mencionando un cuento titulado “Palabra Semilla” de Magela Demarco, una obra que nos enseña desde temprana edad el impacto y el poder que tienen las palabras.
Hoy en día, la sociedad vive, en un sentido metafórico, con los sentimientos a flor de piel. Con frecuencia, los adultos exhiben modales y actitudes poco cordiales y amigables, una conducta que repercute directamente en nuestras infancias.
Las escuelas, como parte de este entramado social, no están exentas de estas problemáticas. Por el contrario, deberían ser espacios de paz y contención donde los niños se sientan seguros, abrazados y escuchados. Sin embargo, en estos últimos días, en muchas instituciones educativas del país se han registrado incidentes alarmantes, como amenazas plasmadas en las paredes. Ante esto, más que señalar culpables, debemos buscar responsables. No se puede trivializar ni justificar estos hechos como simples actos de rebeldía.
Por ello surge una pregunta fundamental: ¿quiénes son los responsables de esta situación? Pareciera que el creciente ambiente de agresividad está influyendo y exacerbando los niveles de violencia en las escuelas.
En el pasado, los desafíos relacionados con la conducta infantil se manifestaban en insultos ocasionales. Más tarde emergió el fenómeno del Bullying, luego el ciberacoso, y ahora las palabras mismas parecen haber cobrado una fuerza mayor, intensificando las intimidaciones a niveles de amenazas.
El contexto actual nos lleva inevitablemente a reflexionar sobre cómo estamos llevando nuestra vida cotidiana y qué ejemplo estamos dando a las generaciones más jóvenes.
No debemos pasar por alto que el contexto social influye directamente en las escuelas, dando origen a las problemáticas que enfrentamos actualmente.
En conclusión, es fundamental detenernos a pensar en los valores que estamos transmitiendo a nuestras infancias- Como adultos, tenemos la responsabilidad no solo de dar respuestas, sino también de asumir una postura crítica frente a nuestras acciones y palabras. La sociedad que construimos a través de insultos y discursos de odio termina por producir un engranaje social que dificulta el vivir en solidaridad, amor y bienestar colectivo. Es hora de replantearnos nuestro papel en la formación de un futuro más sano y respetuoso.
Marcela Bonatto
Lic en Psicopedagogía