09/04/2026
No son las situaciones las que
te hacen perderte, sino el hecho
de identificarte con ellas.
Te enfrentas a un problema y olvidas quién eres; te conviertes en lo que experimentas, y entonces empiezas
a sufrir, a confundirte, a reaccionar porque te tomas en serio algo que
es solo un pasaje de tu conciencia.
Cuando dices: “Esta situación es difícil”, ya has cedido tu poder,
ya has decidido ser menos
que lo que experimentas,
y ahí es donde entra el caos.
El ego se agita, la mente se nubla,
el cuerpo se rigidiza, y a todo esto
lo llamas realidad.
Pero no es la realidad, es una pérdida de presencia. No es lo que sucede
lo que crea malestar, sino cómo
lo afrontas.
La clave no es resolver las situaciones, sino no perderte al atravesarlas.
Recuerda que no eres lo que sucede, sino quien observa, elige y dirige.
Y en ese instante, todo cambia:
la misma dificultad se vuelve neutral,
el mismo evento deja de tener poder sobre ti, la misma situación se abre.
Porque en toda experiencia
hay dos niveles: el aparente
y el necesario, pero mientras
estés dormido, solo verás el primero; reaccionarás por costumbre y vivirás dentro de programas preestablecidos, perdiendo energía.
Primero viene la presencia, luego la acción.
Si no estás centrado, cualquier práctica está contaminada;
si no estás presente,
cualquier intento de control
es solo otra forma de ilusión.
Detente, regresa a ti mismo, respira,
y solo desde ahí entra en la situación. Entonces nada te perturba, nada te arrastra hacia abajo, nada te consume, porque estás estable dentro de ti.
Y desde ese espacio, la atención
se convierte en poder,
el pensamiento en dirección,
y la realidad comienza a responder.
No malgastes energía,
no la entregues a los eventos,
no la pierdas en el personaje.
Permanece dentro de ti.
Francisco Giacovazzo
Imagen: Laivi Põder