19/02/2026
Texto de Beatriz Janin sobre el Proyecto de Ley sobre la Responsabilidad Penal Juvenil
Por qué nos oponemos al proyecto de ley sobre la responsabilidad penal juvenil y planteamos que es solamente un eslabón más en el desconocimiento de las necesidades de las infancias y adolescencias
La adolescencia es un momento de resignificación vital en el que los apoyos externos pasan a ser fundamentales. Es el mundo el que tiene que ayudar a sostener la imagen cambiante de sí, la caída de la propia imagen.
Esto hace pensar que el modo en que transiten la adolescencia dependerá en gran medida de que encuentren reaseguros en el mundo externo y a la vez que el contexto les ofrezca un espacio de sostén y despliegue de posibilidades. Escuela, club, grupo de amigos son los sostenes narcisistas imprescindibles.
Sabemos que lo más insoportable para un niño es no ser mirado ni atendido. Para un adolescente, el ser “ninguneado” socialmente lo deja en un lugar insufrible.
Entonces, la realidad socio-cultural es determinante en los avatares de la adolescencia, que quizás sea la época de la vida en la que el contexto social tenga más importancia.
Pero estamos en una sociedad en la que muchos adolescentes son invisibles a menos que realicen una acción auto o hétero destructiva.
A la vez, no se tiene en cuenta que ,en ningún caso, un adolescente es un adulto. Todo adolescente está regido por pasiones, terrores y lógicas diferentes a las de los adultos y confundir las lógicas, las reacciones y funcionamientos de los adolescentes con los de los adultos nos lleva por un camino complicado, de negación de diferencias. Es un modo de ataque a las y los adolescentes desconocer el momento vital por el que están pasando.
Estamos frente a un problema mucho más grave que la delincuencia adolescente (que no es significativa): muchos adolescentes se suicidan y otros se autolesionan de diferentes modos. En lugar de preocuparse por esto, el gobierno corre de lugar el problema, ubicando a los adolescentes como peligrosos.
En verdad, todo adolescente es impredecible. Todo adolescente es impulsivo y todo adolescente busca riesgos. Es por esto que no pueden ser juzgados como adultos, que deben ser escuchados, que no son mayores castigos los que pueden hacer que no cometan transgresiones.
En una sociedad en que se los impulsa a tener dinero, del modo en que sea, en un mundo en el que el consumo ocupa un lugar privilegiado, se los quiere ubicar como punibles desde edades muy tempranas, en lugar de posibilitarles salidas vitales, creativas, proyectos colectivos y un futuro posible.
Es más, se desfinancian escuelas, hospitales y universidades. O sea, nos podemos preguntar: ¿con qué recursos van a construir cárceles para adolescentes, cuando supuestamente no hay dinero para pagar tratamientos ni para los docentes?
No son mayores castigos los que pueden modificar la conducta de un adolescente. Es más, a veces cuanto mayor sea el peligro, más pueden trasgredir, en tanto ubicarse como héroes, como aquel que se anima a realizar la tarea que los otros no realizan, es una suerte de ideal adolescente. Afrontar riesgos suele ser convocante en la adolescencia, hacer lo que otros temen y desafiar los obstáculos puede ser un incentivo para realizar una acción, en tanto le permita sentirse heroico.
Niñas, niños y adolescentes no son adultos. Y necesitan una sociedad en la que reine el cuidado del otro y no la crueldad.
Niñas, niños y adolescentes necesitan ser escuchados y que se les posibilite un lugar en el mundo.
Niñas, niños y adolescentes tienen que tener espacios en los que desplegar sus posibilidades.
Niñas, niños y adolescentes no necesitan cárceles, sino más escuelas, más clubes, más espacios de inserción grupal. Necesitan ser escuchados y no puramente sancionados. Y que se les posibiliten salidas creativas, en las que sientan que son tomados en cuenta, frente a tanta intemperie.
Beatriz Janin
Febrero 2026