13/02/2026
Esto no es una reflexión.
Es un texto que se escribe desde el cansancio.
Porque... Hay un cansancio que no viene del cuerpo.
Ni siquiera de lo que hacemos.
Viene de lo que sostenemos sin darnos cuenta.
De expectativas que nadie nos pidió de forma directa, pero que aprendimos a cumplir igual. Miradas interpretadas, silencios leídos como órdenes, lealtades que no se cuestionan porque llevan demasiado tiempo ahí. Versiones de nosotras que funcionaron una vez y que seguimos representando aunque ya no encajen en ningún lugar real.
No siempre sabemos cuándo empezó.
Solo sabemos que pesa.
A veces creemos que es responsabilidad.
O madurez.
O amor.
Y no siempre lo es.
Cuestionar esas expectativas no tiene nada de liberador al principio. No se siente como alivio. Se siente como culpa. Como traición silenciosa. Como estar fallando a algo que no sabemos nombrar, pero que aprendimos a respetar.
Hay una incomodidad muy concreta en empezar a preguntarse si todo lo que llevamos encima sigue siendo nuestro. Si de verdad elegimos ciertas cargas o simplemente nunca nos detuvimos a dejarlas en el suelo.
Porque dejar de cumplir expectativas no siempre provoca conflicto externo. Muchas veces el conflicto es interno. Es esa sensación de estar rompiendo un acuerdo invisible. De no estar a la altura de una imagen que ni siquiera sabemos quién construyó.
Lo más difícil no es decir que no.
Lo más difícil es aceptar que hemos vivido mucho tiempo diciendo que sí sin preguntarnos a qué.
Y el cuerpo lo sabe antes que la cabeza. Se manifiesta en el cansancio persistente, en la falta de ganas, en esa sensación de estar siempre respondiendo a algo que nunca termina de resolverse.
No todo lo que se espera de ti tiene que seguir siendo tu responsabilidad. Pero saberlo no significa poder soltarlo de inmediato. A veces lo único que ocurre es que empiezas a verlo. Y verlo ya cambia algo, aunque no sepas todavía qué hacer con ello.
Hay cargas que no se caen solas.
Y hay silencios que aparecen justo cuando empezamos a sospechar que quizá no tenemos que sostenerlo todo.
No siempre hay decisiones claras.
A veces solo hay una pregunta que se queda abierta.
Y un cansancio que, por primera vez, empieza a tener sentido.