08/10/2025
En esta época del año, empieza a clarear muy temprano, hacia las cinco, y ya es hora de darle el pecho. En su dormitorio huele a c**a lechosa y amarilla. Voy a cambiarle el pañal y beso su carita mientras se despierta, suave como ninguna. Acurrucado entre mi pecho y mi regazo, se tranquiliza, pero si lo coloco sobre el plástico frío del cambiador para limpiarlo, llora enfurecido y su rostro se torna azul de rabia y desesperación, y, horrorizada por la idea de que se ahogue en su propio llanto, me apresuro para terminar cuanto antes; entonces, mi espalda se resiente de dolor, un dolor que me acompaña hoy como antaño. Un dolor que contiene una rabia inexpresable. Un dolor que me desesperaba cuando me peleaba con mi padre y que ahora vuelve, desde que convivo con mi hijo. Seco y aseado, mordisquea mi cuello y busca, busca esa parte de mí que conoce tan bien, hasta que, finalmente, ya sentada, descanso la cabeza en el respaldo y me abandono a sus chupetones.
Jane Lazarre en 'El n**o materno'
La experiencia de la maternidad y sus vestigios.
Modalidad taller, por consultas al privado.
Lic. Laura Nigra Uez
MP 10704