
22/02/2025
NADIE SE SALVA SÓLO;
El daño no siempre llega con un golpe o con un grito. A veces es la ausencia, la mirada que no se detiene frente al dolor de un otro, el silencio que deja solo a quien más necesita ser visto. Nos acostumbramos a pasar de largo, a creer que con no hacer mal ya es suficiente. Pero no lo es. Porque la indiferencia también hiere, la distancia también pesa.
Nos hicieron creer que cada uno se salva solo, que lo importante es lo propio, lo individual. Pero en ese encierro nos vamos perdiendo del otro, y el mundo se vuelve más frío, más hostil. Nos volvemos islas y después nos preguntamos por qué duele tanto la soledad.
Pero hay otra forma. Una que empieza en lo simple: mirar con intención, escuchar sin prisa, estar sin la urgencia de arreglar. Porque la salida no es en soledad. Es en el abrazo, en la ternura que se elige, en ser un lugar seguro para alguien más. Ahí, en ese gesto mínimo, empieza todo.
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