08/12/2025
“Por qué no te puedo decir que no cuando me hablás.
O mejor dicho: por qué me traiciono cada vez que aparecés.
Porque hay una parte de mí que todavía se activa como alarma vieja.
Una parte que aprendió, hace mucho, que para ser querida había que ser funcional.
Que decir que sí abría puertas, y decir que no las cerraba.
Que el afecto se ganaba, no se merecía.
Que para no quedarme sola tenía que moldearme, doblarme, callarme.
Y entonces aparecés vos,
con ese mensaje tibio, flojo, incompleto,
y algo en mí se tensa como si fuera importante.
Como si tu palabra definiera algo de mi valor.
Como si yo dependiera de tu mirada para sentirme un poco suficiente.
No te puedo decir que no porque crecí creyendo que poner límites me hacía perder amor.
Porque mi herida todavía confunde disponibilidad con bondad, entrega con cariño, abandono con culpa.
Porque en algún rincón de mi cabeza todavía existe la fantasía de que si soy “buena”,
si soy fácil, si soy comprensiva,
vos vas a elegirme… como no lo hizo nadie en ese momento que todavía me pesa.
No te puedo decir que no porque una parte mía está entrenada para sobrevivir,
no para ser amada.
Para sostener, aunque me duela.
Para retener, aunque me rompa.
Para quedarme, incluso cuando ya no quedaba nada para mí.
Pero la verdad más incómoda es otra:
vos no merecés ese sí automático que te doy.
Ni ese espacio, ni ese tiempo, ni ese temblor interno que todavía provocás.
Porque no das lo que pedís, no das lo que exigís, no das lo que insinuás.
Y yo sé que cada vez que te digo que sí,
estoy diciendo que no a mi dignidad.
Estoy cediendo un pedazo de mi paz
solo por no enfrentar un silencio.
O por no animarme a ser la que se baja, la que corta, la que se elige.
Y ya estoy cansada.
Cansada de que mi autoestima tenga que reconstruirse cada vez que vos decidís aparecer.
Cansada de sostener vínculos que solo existen en mi esfuerzo.
Cansada de generar explicaciones para tu ausencia
y disculpas para tu inconsistencia.
Estoy aprendiendo —a fuerza de golpes—
que un límite no es violencia: es amor propio.
Que quien se va cuando digo no, nunca estuvo realmente.
Y que la única persona a la que no puedo seguir abandonando soy yo.