03/10/2025
Halloween antes de los caramelos
En la vieja Europa, al final de la cosecha, los pueblos celebraban Samhain. El año moría, el frío asomaba, y el mundo quedaba entre estaciones. Decían que en esta noche el velo que separa a los vivos de lo que respira del otro lado se afinaba, como una tela húmeda. Por eso encendían fuegos, por eso dejaban comida en la puerta, por eso llamaban a los suyos por su nombre.
Siempre me intereso esa idea: la del velo como un acuerdo con la naturaleza. Cuando el campo se queda en silencio y el viento corre bajo, todos entendemos que no estamos solos. No hace falta ver: alcanza con escuchar la cerca que respira, el perro que se frena, la puerta que sabe todos los nombres.
Con el tiempo, la fiesta cambió de nombre y de máscara, se mezcló con otras tradiciones, viajó. Pero la intuición es la misma: hay noches en que la frontera se vuelve delgada y el mundo permite que pase algo. No necesariamente monstruos; a veces memoria, a veces culpa, a veces un amor que no se fue del todo.
El Monte Nos Cría nace desde ahí: del campo como presencia. No escribo para asustar con gritos; escribo para que la noche vuelva a tener espesor. Para que el lector sienta que camina en la orilla de lo visible y que por un momento sienta el velo respirar.
Hagan el ejercicio: lean de noche, descalzos y en silencio, abiertos a toda posibilidad. Sientan el suelo bajo los pies, el peso del silencio, los mitos que nunca pidieron permiso. Si en algún momento sienten que algo los mira desde atrás de la página, no se preocupen: tal vez sea el monte, que vino a acompañarnos.
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#2025