12/11/2025
Vivir por el Otro implica hacer del propio deseo una dádiva que nunca se entrega entera, ya que siempre falta algo: “no haces lo suficiente”, “no eres suficiente “… En este mecanismo superyoico, el goce fálico por identificación con el Otro genera el imperativo de insatisfacción que despliega el goce masoquista y la tendencia mortífera a abandonarlo todo.
Cuando este circuito se instala, el deseo deja de ser brújula y se vuelve peso mu**to: la depresión no es ausencia de afecto, sino saturación de significantes ajenos. El suicido no es una falta de sentido sino un exceso de sentidos petrificantes que vienen del Otro y que reducen la realidad; la alteridad. Sin escena propia, el sujeto no cae en silencio por elección, sino que es expropiado de su voz por un Otro implacable.
Roberto Reyes