19/10/2025
Honrar a mama, es honrar tu sensibilidad
¿Qué pasaba por tu cuerpo en el momento en que tu mamá te abrazaba?
¿Qué se encendía cuando te besaba en la frente?
¿Y qué sanaba, incluso en los días en que no estuvo presente en tus momentos de tristeza?
Las madres existen en todos los planos, formas y emociones.
Algunas amaron con todo lo que sabían, otras con lo poco que les habían enseñado a dar.
Quizás no siempre supieron que un gesto podía herir… o quizás lo hicieron desde la esperanza de que fueras fuerte, de que aprendieras a mirarte con amor propio.
Honrar a la madre es honrar tu lado más sensible:
ese lugar donde la vulnerabilidad se vuelve sabiduría,
donde la ciclicidad se convierte en ritmo sagrado,
y donde una energía creativa y tierna te recuerda, una y otra vez,
que estar viva es un milagro.
La vida, a veces, nos lleva por senderos ásperos.
Pero incluso en el caos hay semillas:
de evolución, de reencuentro, de transformación.
Y a veces, desde ese lugar más profundo,
nace el perdón…
o incluso un “gracias”.
He leído que hay muchas formas de ser madre:
las que abrazan con palabras y presencia,
las que crían desde lo que heredaron sin saber cómo hacerlo diferente,
las que protegen tanto que temen soltar,
y las que usan la crítica porque creen que así preparan para el mundo.
Todas fueron niñas alguna vez.
Todas cargan historias, cicatrices, sueños truncados o florecidos.
Y todas han sido moldeadas —y a veces comprimidas—
por lo que la familia, la cultura o la sociedad esperaba de ellas.
Ser madre es un rol, sí…
pero también es un acto de magia cotidiana,
una entrega que a veces se viste de sacrificio,
y otras, de silenciosa devoción.
Hoy honro a mi madre,
a mis ancestros que tejieron mi raíz,
y a mi madre interior,
por incluirme en su árbol…
y por darme el permiso de florecer fuera de él
Con amor, juli ✨